viernes, 19 de noviembre de 2010

APUNTES PARA DEBATE

 
El Tábano de Io
Año dos /N° 16/ Noviembre y diciembre 2010

www.elteatrito.com
Una forma diferente de hacer y ver Teatro

Alternativa Social Independiente

Resistencia artística contra la hipocresía y el olvido 
La libertad se educa con la libertad, la solidaridad con la solidaridad y la igualdad con la igualdad. 
Ricardo Mella


En realidad, no hay un instante que no traiga consigo su chance revolucionaria, sólo que tiene que ser definida como una chance especifica.
Walter Benjamin


En el principio fue la acción.
Goéthe

EDITORIAL

EDITORIAL

El teatro no es directamente política, pero sabe de qué se trata, y se las ingenia para coquetear con ella o para desnudarla críticamente con todas las consideraciones estéticas que implica armar al público con afilados argumentos.
En este nuevo número de El Tábano de Io hemos tomado como pretexto un documento de origen local que nos enviaron titulado ¿Sabrá la izquierda mexicana superar su incomprensión de la lucha electoral? de José Luis Sierra V.* para aportar otro punto de vista a una preocupación que parece querer ser debatida.
Estamos por supuesto interesados en que las corrientes de pensamiento crítico que existen en Yucatán logren establecer un espacio serio de reflexión sin condicionamientos políticos. La seriedad en este caso solo puede consistir en la aceptación de la existencia de ideas diferentes que se ligan al presente, al pasado y al futuro de diferentes maneras.
Estamos en una situación lo suficientemente crítica como para dejar especulaciones de lado y exponer pública y francamente reflexiones y análisis de situaciones convencidos de que el debate de ideas motivan nuevas ideas y pueden promover una unidad que respete las diferencias. No creemos que haya otra forma de avanzar más que confrontando ideas y experiencias en búsqueda sí, de una unidad, que no se base ni en el silencio especulativo, ni en coacciones interesadas.
Por ello presentamos un documento de nuestro colectivo que pretende incorporarse en el debate existente. Y, conscientes de que no somos el centro del mundo brindamos paralelamente una serie de otros documentos, de otros autores y latitudes, que acentúan matices diferentes pero siempre importantes en este debate de cómo generar alternativas sociales y políticas desde un balance concienzudo de fracasos anteriores.
Las nuevas generaciones exigen de nosotros posiciones claras que nos deslinden de la barbarie social que se impone. Ojalá nos critique porque fracasamos y no porque no hemos intentado cambiar toda la inmundicia

Link de referencia
*  http://mexicodesdeyucatan.wordpress.com/2010/10/30/%C2%BFsabra-la-izquierda-mexicana-superar-su-incomprension-de-la-lucha-electoral/


Caricatura de El Fisgón

LO QUE NOS DEJAMOS IMPONER


La incomprensión de lo que nos dejamos imponer

Primero una afirmación temeraria: “la izquierda de todos los tiempos y en todos los países ha sufrido para entender y desarrollar el juego electoral”
Semejantes generalizaciones parecieran decir algo cuando en realidad son expresión de una enorme indefinición que pretende ocultar una incomprensión aún mayor acerca de lo que, de ninguna manera, es un juego: la lucha de clases y su devenir histórico.
No sabemos a qué izquierda de toda la geografía del mundo, y a qué tiempo histórico hace referencia el autor, sin embargo en lo único en que podemos acordar (sin afán de buscar falsas coincidencias) es que las izquierdas han sufrido sí, es cierto. Y mucho. Cuestionar el orden estatuido, denunciar sus trampas, rechazar leyes y propuestas maliciosas, desde la fangosidad de las trincheras de los desposeídos suele conllevar miseria, dolor, dudas, contradicciones y, en algún momento hasta resistir cañonazos, de acero o de dinero. Lo fantástico es que, a pesar de todo ello, siguen existiendo miles y miles de personas que levantan la voz y accionan para detener injusticias, resistir la opresión política y la explotación social o ampliar la democracia para connotarla con sus visiones de clase. Lo electoral fue y es una tarea más de las muchas que las izquierdas articularon en su lucha contra el sistema. Dentro del amplio campo ideológico de las izquierdas siempre habrá diferencias y por suerte las ansias de “comando único” nunca se han impuesto definitivamente. Sigue en pie, sin embargo, la necesidad de navegar con habilidad en las aguas políticas de la hipocresía y el olvido. 
 
Izquierda y derecha son términos relativos
Los contenidos en la disputa o debate social cambian de acuerdo a circunstancias sociales y políticas y, si específicamente nos referimos a México, los términos del debate cambian con los intereses personales, no reparando siquiera en engañar o robar conceptos y consignas nunca cabalmente entendidos, o interesadamente entendidos para ser implementados en los “juegos” electoral.
Así, la “socialdemocracia” de Beatriz Paredes difiere y en mucho, de otras socialdemocracias que se definen programáticamente con mayor radicalidad. Si quisieran parecerse a ellas debería el programa del PRI verse diferente y llevarse a la práctica de una manera distinta a la que hasta ahora han acuñado. No sólo su programa de acción debería ser corregido, sino también la propia descripción de la realidad y en consecuencia las propias acciones. Así, por ejemplo, en el Programa del Partido Obrero Alemán de 1920 se enunciaba:
* Combatimos la práctica parlamentaria, generadora de corrupciones, de concesión de cargos por relaciones de partido, sin preocuparse ni del carácter ni de las capacidades.
* Exigimos que el Estado contemple como su primer y principal deber el promover el progreso de la industria y el velar por la subsistencia de los ciudadanos del Estado.
* Todos los ciudadanos del Estado gozarán de iguales derechos y tendrán idénticas obligaciones.
* El primer deber de todo ciudadano es trabajar, física o intelectualmente. La actividad del individuo no debe de ser perjudicial a los intereses de la colectividad sino inscribirse en el marco de ésta y en beneficio de todos. Por eso exigimos:
- la abolición de todo ingreso no conseguido por medio del trabajo
- la abolición de la servidumbre impuesta por el interés del dinero
* La supresión de la renta de los ociosos y los que tienen la vida fácil, la supresión de la esclavitud de los intereses.
* Exigimos la nacionalización de todas las empresas que se han organizado hasta la fecha en forma de monopolios.
* Exigimos que las utilidades de las grandes empresas sean compartidas para toda la Nación.
* Exigimos que se ponga en práctica un plan gradual de asistencia social a la vejez.
* Exigimos la creación y mantenimiento de una sana clase media, la nacionalización inmediata de las propiedades utilizadas en la especulación, a fin de que se alquilen en favorables condiciones a pequeños comerciantes, y que se tengan especiales consideraciones para con los pequeños proveedores del Estado, de las autoridades de distrito y de las localidades menores.
* Exigimos una reforma de la propiedad rural para que sirva a nuestros intereses nacionales; la sanción de una ley ordenando la confiscación sin compensación de la tierra con propósitos comunales; la abolición del interés de los préstamos sobre tierras y la prohibición de especular con las mismas.
* Exigimos la persecución despiadada de aquellos cuyas actividades sean perjudiciales al interés común. Los sórdidos criminales que conspiran contra el bienestar de la Nación, los usureros, traficantes, especuladores, etc. Deben ser castigados a la pena capital, sean cuales fueren su credo o su raza.
      * El Estado procurará elevar el nivel general de la salud de la Nación amparando a las madres e infantes, prohibiendo el trabajo   de los niños, aumentando la eficiencia corporal mediante la gimnasia obligatoria y los deportes y apoyando sin restricciones a los clubes fundados con el objeto de promover el mejoramiento físico de la juventud.
* Exigimos la libertad para todas las denominaciones religiosas dentro del Estado mientras no representen un peligro para éste y no militen contra los sentimientos morales de los mexicanos. No nos comprometemos, en materia de credo, con ninguna confesión en particular. Nuestra nación no logrará la salud permanente sino dentro de sí misma y gracias a la aplicación de este principio: el interés común antes que el propio
* Para realizar todo lo que precede (….) los representantes juran consagrarse sin desmayo y, si fuera necesario, sacrificar su vida para lograr el cumplimiento de los puntos precedentes. 

Si el PRI ni siquiera se acerca a un discurso semejante debiéramos, sin embargo aclarar, que estos puntos de exigencia constituían una parte de los 25 puntos presentados en la asamblea en la cual se decidió el cambio de nombre de aquel movimiento, pasando de Partido Obrero Alemán a Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, cuyas siglas en alemán son NSDAP. Esto fue en Munich, el 24 de febrero de 1920 y su gestor fue Adolfo Hitler. Izquierdas y derechas elaboran sus discursos y propuestas en el ámbito social, no en una aislada cámara hiperbárica, sino frente a movimientos que les exigen. Algunas de las propuestas “nazis” son todavía demasiado inalcanzables o radicales para algunas izquierdas en México o LA. 
 
Luchar para qué
Aún antes de que los “juegos electorales” y las izquierdas siquiera existieran, “en aquel momento en que el primer conquistador íbero posó su propio pié de cruz, sangre y pólvora sobre estas tierras, la mayoría de los pueblos indios ofrecieron una necesaria, tenaz y violenta resistencia cuyo fin fue y ha sido conservar y recuperar tierras, bosques, costumbres y la propia vida. Este combate ha sido permanente y no sólo ha enfrentado al invasor español, francés o norteamericano, sino también a los gobiernos conservadores o liberales del México independiente, y al grupo que heredó el poder como resultado de la derrota de la llamada revolución mexicana”1.
El virus de la revolución pareciera consistir en resistir permanentemente y de tanto en tanto, sacudirse de todo aquello que se siente opresivo e injusto a pesar de tolerancias más o menos prolongadas de semejantes circunstancias. El viejo topo sigue vigente. Es una lucha por retomar el control sobre las condiciones de vida y de existencia aunque se perezca en el intento y aparentemente se fracase. El “virus” de la revolución entendida como cambio de las condiciones sociales existentes es como todos comprenden, muy anterior al pensamiento de Marx. Él y su pensamiento son producto de procesos revolucionarios que lo antecedieron2.
El nacimiento del movimiento socialdemócrata alemán, con propuestas, programas, reformas, consignas y tareas de ninguna manera se negó, aún en vida de Marx y Engels, a extender su lucha social al campo de la política y del parlamento. Es más lo promovieron aunque no la redujeron a “jugar” electoralmente. Ni tampoco esa promoción los desobligaba de llamar a las cosas por su nombre. Allí está el magnífico ejemplo de toda la discusión sobre el Programa de Gotha para recuperar sensibilidades de la articulación entre principios y accionar político. 
 
Batallar en el plano político para eliminar los peores obstáculos que se oponen al crecimiento del movimiento que pretende cambiar las condiciones sociales, no es más que una consecuencia natural de la lucha. Lucha que, habiendo sido ya emprendida en el plano social requiere en su desenvolvimiento de transformaciones y reformas en el plano político en pos del objetivo de clase anhelado y delineado. Desvincular estos dos aspectos de la lucha por la revolución social, subordinar el uno al otro, o no poseer sensibilidad alguna para distinguir su relación de acuerdo a circunstancias y coyunturas, dieron pié a debates históricos en la izquierda que aún persisten3. Es el de por sí de un movimiento vivo, vibrante y deseoso de cambiar condiciones y circunstancias. De allí en más … ¡todo es discusión y debate! Y es sano que así sea.
Si a ello queremos definirlo como un “viejo problema de la izquierda” en nada nos permitirá ello avanzar en el sentido del cambio del modo de producir y consumir. Es un debate jamás agotado, es una preocupación de fondo de las izquierdas que no subestiman a su enemigo y que aparece con distintos grados de algidez en diversas circunstancias. La claridad conceptual, el apego a la verdad, la denuncia son instrumentos para no seguir la agenda que el poder del capital mismo establece. Nuestra lucha busca en su accionar y pensar dar garantías de que nunca más ayudaremos a construir un modo de producir y consumir tan ruin y asesino como éste.

¿Debilidades?
Hay cuestiones que hacen al futuro que construimos hoy, que no pueden resolverse por “acuerdos” y tampoco creemos que sea posible resolverlo sobre una única posición. Estaríamos matando a la izquierda misma, al debate que la nutre, a la diversidad de políticas, visiones y tácticas que sumadas van creando nuevas condiciones. La izquierda es una estado que como en el caso del agua reconoce distintos estadios dependiendo de factores externos. La suma de esas diversidades no siempre es aritmética, a veces suele ser algebraica cuando la gravedad de las circunstancias genera una polarización de posiciones que sólo se resuelven drásticamente. Como en la guerra civil española, como en la Alemania de Rosa Luxemburgo, como en el Chile de Allende.
Los balances de dichos momentos históricos deben ser tenidos en cuenta para avanzar en profundidad. Si la generalizante afirmación de “las izquierdas europeas han hecho del juego parlamentario y de la legitimación electoral parte definitoria de su identidad” no es acompañada de definiciones y propuestas claras de nada sirve. ¿Para imitarlas? ¿O para seleccionar todo aquellos que sirve al objetivo de superar este destructivo modo de organizar la sociedad y los recursos? El deseo de imitación pudiera poseer ciertos visos de realismo si todas las otras condiciones que acompañan al fenómeno político-social-cultural imitado fueran semejantes. ¡Pero no lo son!
El autor, (aparentemente influenciado por el trotskismo) sostiene que en América Latina, (…) las izquierdas se formaron y consolidaron de cara a gobiernos débiles, en su enorme mayoría instrumentos dóciles de los intereses neocoloniales, provinieran éstos de las élite criollas o de la metrópoli imperial norteamericana. Esta afirmación parece coincidir más con la añoranza de una burguesía clásica, que desarrolle un capitalismo endógeno, una burguesía que así pensada no existe. En cambio la burguesía realmente existente, ha impulsado un capitalismo real que hace lo que en todo el mundo hace el capitalismo, vivir del trabajo de otros y apropiarse sin escrúpulos de lo que necesite para seguir legitimándose. Ya Lázaro Cárdenas nos pidió las joyas y, no obstante, la vida ha ido empeorando hasta el día de hoy.
Las izquierdas de América Latina se formaron en condiciones sociales diferentes a las de Europa y más que formarse de cara a gobiernos débiles, se formaron de cara a gobiernos fuertes, que actuaban sin escrúpulos, que poseían una relación diferente con el mercado mundial y que para nada se sentían obligados a guardar las formas y valores europeos. No es necesario aquí enumerar la infinidad de barbaridades cometidas desde la Conquista hasta aquí.
El autor concatena sugerentemente, que dichos gobiernos hayan sido instrumentos dóciles de los intereses neocoloniales como una debilidad básica de los mismos y como conservando la ilusión de que pudiesen ser instrumentos no dóciles o sea socios igualitarios de la explotación del mundo. No nos sentimos comprometidos a luchar por cambiar la calidad societaria. Por otro lado, no deberá ignorar el autor que sobran quienes sacan la conclusión exactamente inversa, afirmando que la fortaleza de dichos gobiernos radica precisamente en sus vinculaciones internacionales sobre las cuales se respaldan para cometer las barbaridades más atroces en pos de mantener una lucrativa sociedad.
No percibimos su “debilidad” en la falta de escrúpulos para matar y reprimir, para hacerlo parapetados en gobiernos electos o en gobiernos de facto y sus diferentes variantes, según convenga a sus intereses. Suponemos que el autor contagiado por la teoría de las burguesías “débiles” que no llevan a cabo su tarea histórica de desarrollar el capitalismo, clásicamente, percibe como “debilidad” lo que sólo es devenir histórico. No es nuestro objetivo especular acerca de cuál forma específica de desarrollo capitalista sería preferible en tal o cual lugar. Criticamos el capitalismo que existe en el lugar donde actuamos y acompañamos en esto a toda una corriente histórica4.
Entendemos que el desarrollo capitalista en nuestro país muestra con transparencia lo que éste puede ofrecer en este tiempo y lugar bajo la actual correlación de fuerzas entre las clases. Sufrimos por lo capitalistamente desarrollados que estamos y también por las consecuencias de lo que semejante desarrollo conlleva, lo cual a veces confunde y lleva a algunos a cobijar la ilusión de que más desarrollo capitalista nos sacará de los problemas que ese mismo capitalismo creó. Explotación, opresión, baja calidad de vida, contaminación, enfermedades, destrucción de ambiente, cambio irresponsable de las condiciones de vida, etc.
Más desarrollo social capitalista bajo una burguesía fuerte que cumpla a cabalidad en desarrollar un capitalismo que compita por la hegemonía del mercado mundial, no es nuestro proyecto. ¡Ya estamos entre los primeros quince y no se siente nada bien! Para algunas izquierdas entre las cuales nos encontramos, más desarrollo capitalista sigue siendo una imposición social, una variable contra la cual se lucha con el fin de condicionar sus formas concretas de abrirse paso en tanto siempre han implicado sangre, sudor y lágrimas para las mayorías trabajadoras. No tener la fuerza suficiente para impedir su imposición no significa que dicha imposición no pueda ser condicionada para desarrollar mejor las futuras resistencias. Nunca puede significar aplaudir la imposición. Hubiéramos sido ludditas en los albores del capitalismo y posiblemente terminado el gulac de aquellos que reclamaban “mando único”.

Las izquierdas: es una hazaña haber sobrevivido
A través de dichas luchas de resistencia nos entrenamos para acabar con la forma social que sólo produce riqueza a través de destrucción de la biosfera, de explotar económicamente a la mayoría de la población, de oprimir políticamente y discriminar socialmente a inmensos sectores. Las formas y los métodos para terminar con este sistema varían de acuerdo a circunstancias y a la conciencia desarrollada por esas resistencias. Más allá de derrotas y tácticas erradas, las formas que se adoptan no las elige exclusivamente la izquierda, el enemigo también actúa5. Golpeadas, maltrechas, en girones, aturdidas, las izquierdas aún vociferan, intentan, se equivocan.
Mucho antes de que las izquierdas recorrieran un largo y complicado camino de derrotas electorales, a las cuales hace referencia el autor, mucho antes, las resistencias abrieron esos caminos solo para constatar sus límites: así sucedió, también, en Chile, con Salvador Allende. El socialismo es una larga sucesión de derrotas que profundizan el aprendizaje y dignifican. Si en la actualidad no hay en el continente gobierno alguno con origen distinto al electoral ello no implica necesariamente que en todos los casos la democracia se haya ampliado o que las izquierdas hayan abandonado los clamores por un cambio de sistema social. Los problemas de ayer continúan y a esos se le suman nuevos y más graves problemas cada vez más reconocidos por más amplios sectores6.
La más grande lección de los años sesenta es que el cambio social no es un coup d’ etat, no es tomar el estado, ni ganar unas elecciones y tener la mayoría parlamentaria. Cambiar las condiciones sociales es un proceso complejo y articulado que no debe en principio despreciar ningún instrumento. Tampoco obsesionarse con uno. En su pragmatismo destructor la burguesía utiliza todas las variantes que ofrece la lucha electoral y no parece haber abandonado la vía armada para imponer su voluntad. De la misma manera el No a Pinochet no fue sino una más, de las muchas resistencias del pueblo chileno a su dictadura.
La obsesión en el análisis político o de las ideas, suele descuidar la pulcritud en el análisis de los procesos económico-sociales que discurren. Que los economistas del crecimiento definieran como “milagro mexicano” a lo que en verdad fue la dilapidación de un recurso natural no renovable como el petróleo, corre por cuenta de ellos. Desde un enfoque menos capitalistamente entusiasta (sabemos que estos señores cuando ven dinero pierden la compostura), la estabilidad social señalada por el autor nunca existió en verdad para enormes porciones de la población mexicana. El milagro solo consistió en un circunstancial hecho geológico. Social y económicamente y desde hace ya bastante tiempo semejante dependencia sobre un solo recurso es catalogada como una enfermedad: la enfermedad holandesa7.
Si esa estabilidad social hubiera existido no hubiese estado entre las preocupaciones fundamentales de los sucesivos presidentes priístas (…) la desarticulación de cualquier organización que, de manera autónoma, levantara las banderas de la libertad y la justicia social, propias de la izquierda. Si la marginación y el hostigamiento político no resultaban efectivos, cuando la cárcel o el cohecho de los dirigentes no frenaban el intento de organización autónoma y masiva, de tinte izquierdista, el Estado mexicano recurrió a la represión selectiva de los líderes de izquierda, cuantas veces fue necesario en la larga noche del presidencialismo, según propias palabras del autor.
Según el autor, Jesús Reyes Heroles le ha planteado (parece que con conocimiento de causa) que la derecha …es tan fuerte y tiene tanta influencia en la sociedad y en el territorio como el Estado mismo…Es una pena que esta aseveración no describa y explicite los vínculos concretos de esa fuerte influencia en la sociedad y en el territorio con el Estado y las administraciones políticas del mismo, porque allí se esfumaría la presunta “debilidad” a la que en párrafos anteriores el autor refería.
Aun habiendo sido notificado del ámbito de anclaje de la fuerza de las derechas, nuestro autor insiste en su exclusiva fijación al campo político-electoral: los indudables logros que en el campo electoral ha obtenido el PRD; en la falta de una definición estratégica en materia electoral de la izquierda, en la falta de claridad con que (la izquierda) enfrentaba la alternativa electoral, etc. negándose a tomar nota de que la fuerza de la derecha política tiene anclaje social en la sociedad y el territorio. Es decir que su fuerza, la de la derecha, radica en el modo en que organiza la sociedad (no discursivamente sino realmente) y dispone de sus recursos, en el modo de producir-consumir y en las complicidades de pensamiento y acción que se lo permiten.

La difícil tarea de administrar un Estado diseñado para explotar gente y destruir naturaleza
La tarea de confrontar a la derecha en este terreno en el cual su poder emana, es dejada de lado por el autor en la esperanza de cambiar de arriba hacia abajo a la sociedad al convertirse en gobierno. En verdad, como lo reconoce el comandante Tomás Borge, convertirse en gobierno aún a través de las armas había servido para tomar el poder pero que no servían para gobernar. Y, peor aún, si las tareas desde abajo con la mira puesta en reconocer la incapacidad (no sólo histórica) del modo capitalista de producción y consumo de garantizar la integridad de la biosfera y de los humanos, no se hubieran realizado con coherencia y consecuencia8. Poner en marcha un modo de producir y consumir alternativo al capitalismo requiere algo más que deseos, armas o maquiavelismo.
La derecha política puede que no se corresponda directamente con la derecha social, pero se basa en ella. Por otro lado, la izquierda política reconoció que su fuerza en el plano social está entre los desposeídos y explotados. Destrabar obstáculos en las ideas y en los hechos en medio de la maraña de la miseria física y social, requiere por supuesto de ciertos cambios indispensables en el plano político. Los sindicatos europeos terminaron sosteniendo al partido político pero no sin antes haber disputado todo lo que se podía disputar en el plano económico-social, ello fortaleció su organización y también sus ideas y visones. La socialdemocracia propuso llevar al plano social una democracia que hizo suya pero que tuvo que ampliar desde la lucha social. El triunfo electoral fue el reflejo de un cambio en la correlación de fuerzas sociales con claros objetivos a perseguir. Nunca a la inversa.
Muy por el contrario a lo que expresa el autor creemos que las experiencias europeas (Miterrand, Tony Blair, González y Zapatero, Mario Soares) y las enseñanzas latinoamericanas (Allende y la Concertación Democrática, Lula, Evo Morales) nos hacen saber que las izquierdas no acceden al poder por la vía democrática porque el poder está en otra parte. Cochabamba lo señaló.
La democracia y el parlamento son ámbitos en los cuales es obligatorio para los socialistas desentrañar las redes del poder que sostienen este modo de producir y consumir. Condicionan sí, ciertos aspectos de ese poder, y está bien que así lo hagan. Pera al hacerlo deben tener muy claro e identificar donde ese poder radica y, al igual que la experiencia europea, podrán constituir gobiernos sólidos y duraderos en la medida que sean capaces de apoyarse en un movimiento social poderoso y articulado que desanime las represalias y los contraataques de los barones del dinero. Y si bien parte de los avances del movimiento requieren de medidas en torno de políticas y propuestas atractivas, identificadas con los intereses mayoritarios debemos tener perfectamente en claro que ni Tony Blair, ni Felipe González, ni Zapatero, ni Miterrand las supieron generar.
La confusión de dónde reside el poder y cómo se difunde es el tema del día. En México se ha acuñado el concepto de “poderes fácticos” que todavía se limita a identificar sólo algunas expresiones corporativas. La vinculación de dichos poderes con la política va mucho más allá de las anécdotas de Peña Nieto y se extiende a todas las expresiones políticas en tanto que, la única manera, en que México ha podido acomodar sus procesos electorales en ausencia de verdadera democracia ha sido con dinero. Desde este ángulo y con los argumentos expuestos coincidimos con el autor en que hoy, el mismo proceso electoral legitima y, por tanto, refuerza el status quo, del aparato de Estado vigente.
El rumbo que pueda tomar la democracia en México no parece circunscribirse a la arena electoral, por amañada, por excluyente, por respetuosa de formas sociales oprobiosas. Creemos que nunca hemos dejado atrás los tiempos del tironeo faccioso y la inestabilidad institucional, ni hemos avanzado en que el parlamento refleje todo el pluralismo político y social que en México realmente existe. Dadas estas circunstancias seguiremos dando la batalla allí donde la injusticia se manifieste. 
 
Otros socialdemócratas, en otros tiempos y lugares, (en este caso también mujer pero de otra clase), y para nada encandilados con las batallas electorales, aunque participaran en ellas, nos legaron parte de sus experiencias aconsejándonos:
El hecho que divide a la política socialista de la política burguesa es que los socialistas se oponen a todo el orden existente y deben actuar en un parlamento burgués fundamentalmente en calidad de oposición. La actividad socialista en el parlamento cumple su objetivo más importante, la educación de la clase obrera, a través de la crítica sistemática del partido dominante y de su política. Los socialistas están demasiado distantes del orden burgués como para imponer reformas prácticas y profundas, de carácter progresivo. Por lo tanto, la oposición principista al partido dominante se convierte, para todo partido de oposición, y sobre todo para el socialista, en el único método viable para lograr resultados prácticos. (Rosa Luxemburgo – La Crisis Socialista en Francia)
Hoy cuando queda más claro que nunca que el capitalismo, como modo de producir y consumir, nos llevará a estrellarnos contra los límites del planeta. Hoy, cuando con más claridad que nunca antes muestra, como sistema social, sus propios límites físicos y mentales al insistir en expandir la destrucción de la biosfera sin haber cumplido las promesas del gozo de sus proclamados beneficios. Hoy, propugnar más de este desarrollo asesino, es otorgarle al capitalismo licencia para matar, similar a la que se le otorgó a Hitler aunque ahora extendida al mundo entero.

1 Movimiento indígena y magonismo en México – Juan Carlos Beas y Manuel Ballesteros – Integrantes de la Unión de Comunidades Indígenas de la Zona Norte del Itsmo (UCIZONI) 1986

2 La vinculación entre la resistencia indígena y magonismo, es parte de una tradición socialista, y se presenta determinado por el comunalismo de los pueblos indios. El magonismo se nutre fundamentalmente de tres corrientes: el liberalismo mexicano, el anarquismo europeo y el comunismo indígena. (Idem)

3 El movimiento magonista al igual que otras corrientes populares fue derrotado. La revolución al convertirse en gobierno, murió. El grupo que capitaliza este gran movimiento social se ve obligado a adoptar algunos postulados programáticos del magonismo para dar carácter revolucionario a ese documento que nació muerto: la Constitución política del 17. Sin duda el magonismo constituye la principal fuerza de oposición a la tiranía porfiriana, pero no logra hacer triunfar su avanzadísimo proyecto social. (Sub nuestro) (Idem)

4 La situación fue difícil desde un principio, desesperada a veces, sin embargo Teodoro nunca dejó de platicar con su hijos (Los hermanos Flores Magón): “Que distinta es la vida en Teotlitán y su región, a la vida en este pobre México (Ciudad de México). Allá todo se posee en común, menos las mujeres. Toda la tierra que rodea a nuestros pueblos pertenece a la comunidad entera. (…) Así cuando llega el tiempo de levantar la cosecha y de repartirla entre los miembros cada uno recibe su parte de acuerdo con sus necesidades. (…) Aquí en México, vean al obrero: trabaja doce horas al día y sólo le pagan 25 centavos. En el campo los peones de las haciendas están peor…

5 De 1892 a 1903 el magonismo hará una defensa abierta de la vigencia de la Constitución del 5 de Febrero de 1857; constantemente denunciarán las violaciones a dicho ordenamiento legal que realizaban de manera sistemática jueces, burócratas y demás cagatintas. (idem)

6 Correa en Ecuador cada vez más cuestionado como extractivista por sectores indígenas; Cristina en Argentina expandiendo la soja transgénica de Monsanto; el gobierno de Lula generó la posibilidad de un partido verde poderoso en Brasil que le impidió ganar en primera vuelta.

7 Enfermedad catalogada como peligrosa en tanto la dependencia sobre la exportación de una materia prima principal deforma el conjunto de la estructura económica si no hay una visión dispuesta a minimizar dichas deformidades.

8 El ideal socialista de los magonistas identificaban la representación asamblearia, los trabajos comunitarios y el goce de la tierra en común, como formas antiguas, propias de los pueblos indios, las cuales representaban una alternativa revolucionaria…la revolución debía garantizar al pueblo el derecho de vivir, y que sólo la revolución social podría pones en las manos de todos, hombres y mujeres, la tierra, la fuente de la vida.

HORIZONTES DE SENTIDO ANTICAPITALISTA


LUCHAS SOCIO-AMBIENTALES EN MÉXICO

Prefiguración de subjetividades y horizontes de sentido anticapitalistas

Mina L. Navarro y César Enrique Pineda

Ante la emergencia de numerosos conflictos ambientales y la crisis ecológica que el mundo vivo humano y no humano enfrenta en la actualidad, nos interesa proponer algunas claves para comprender los modos en los que las luchas socio- ambientales en México están enfrentando los efectos de la acumulación por desposesión y prefigurando modos de relación y lenguajes de valoración anticapitalistas. También es de resaltar el crecimiento de numerosas luchas socioambientales y su significado como obstáculo a la reproducción del capital.
Desde todos los rincones del planeta se multiplican las formas de resistencia a la extracción, utilización y explotación de bienes naturales o bien a sus efectos depredadores, contaminantes y de desecho. Es probable que no exageremos cuando consideremos que estos movimientos pueden ser tan importantes como lo fue el movimiento obrero en el siglo XIX, y para muestra un par de botones.
En Nigeria el Movimiento por la Emancipación del Delta del Níger en confrontación con las petroleras extractoras han logrado a pesar de una feroz represión , que la producción diaria baje de 2 millones y medio de barriles a menos de millón y medio 1 . En México, el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra detuvo un proyecto aeroportuario que le despojaría de sus tierras colectivas y hasta el momento de escribir estas líneas el Consejo de Ejidos y Comunidades Opositores a la Presa La Parota había obstruido un megaproyecto hidroeléctrico que los apartaría del río Papagayo y de sus tierras. Cada proyecto de inversión rebasaría los 1000 millones de dólares. 2 Estos ejemplos resaltan sólo un poco de la importancia de estos movimientos, la necesidad de su comprensión, análisis y visibilidad como actores decisivos dentro de la crisis sistémica y sus posibles alternativas.
La acumulación por desposesión: un proceso histórico e inherente del capitalismo
Desde sus inicios en el siglo XVI, el modo de dominación capitalista se ha reproducido a través de un proceso constante de acumulación. Este proceso inició con la acumulación originaria o primitiva, llamada así por Marx, por configurar la prehistoria del capitalismo y su modo de producción, impulsando la escisión entre productores y medios de producción. Lo anterior implicó la separación súbita y violenta de grandes masas humanas de sus medios de subsistencia de producción arrojándolas, en calidad de proletarios totalmente libres, al mercado de trabajo (Marx 1867: 893).
En palabras de Karl Polanyi, este proceso de “gran transformación” implicó que “la tierra y el trabajo quedaran súbitamente separados, mientras que tradicionalmente el trabajo formaba parte de la vida, la tierra formaba parte de la naturaleza, vida y naturaleza formaban un todo articulado”. Separar a la tierra de los hombres y organizar a la sociedad para satisfacer las necesidades de un mercado de tierras fue un parte vital del concepto utópico de la economía de mercado ( Polanyi s/d: 178). 3
Uno de los efectos más importantes de esta separación fue que la naturaleza vinculada por todas partes con la vida de la sociedad, fuera transformada apenas en tierra, con lo cual se desarticularon equilibrios sociales constituidos antiguamente, que otorgaban sentido a la vida y que eran el fundamento de los imaginarios sociales (Alimonda 2009:15).
Es así como la dominación capitalista a lo largo de la historia ha venido operando sobre ciertos fundamentos en los que la naturaleza se convirtió en objeto de dominio de las ciencias y en materia prima del proceso productivo, desconociéndose así, el orden complejo y la organización ecosistémica de la naturaleza. En este proceso la naturaleza se fue desnaturalizando, para hacer de ella un recurso, una mercancía para insertarla en el flujo unidimensional del valor y la productividad económica para beneficio del hombre (Leff 2006: 25). La separación sujeto- objeto tuvo como consecuencia que el paradigma antropocéntrico se instalara como uno de los fundamentos del desarrollo y el progreso de la humanidad.
En el marco de esta racionalidad contra natura, la última fase de acumulación capitalista desplegada a partir de la crisis de sobreacumulación de los setenta, ha estado conformada de manera predominante por encima de la reproducción ampliada, por una estrategia basada en la destrucción, robo, violencia, saqueo y despojo de los bienes colectivos y recursos naturales. Para diversos autores 4 , entre los que se encuentra David Harvey, la forma de acumulación actual está conformada por la mayor parte de los rasgos que se presentaron en la ‘acumulación originaria’, entendida no como la etapa que dio origen al capitalismo, sino como un proceso continuo y permanente en la geografía histórica del capitalismo. Algunos de estos rasgos son: “la mercantilización y privatización de la tierra y la expulsión por fuerza de las poblaciones campesinas; la conversión de varios tipos de derechos de propiedad (comunal, colectiva, estatal, etc.) en derechos de propiedad privada exclusivos; la supresión del acceso a bienes comunales; la mercantilización de la fuerza de trabajo y la supresión de formas alternativas (indígenas) de producción y consumo; los procesos coloniales, neocoloniales e imperiales de apropiación de bienes (incluidos los recursos naturales) (Harvey 2003: 116-117).
Durante los últimos treinta años, la acumulación por desposesión se ha materializado en las políticas neoliberales y en una estrategia de “cercamiento de los bienes comunes” (Harvey 2003: 115). L a expresión más visible y condensada de esto, ha sido la oleada de privatizaciones de bienes y servicios públicos producida en las dos últimas décadas en todo el planeta; la privatización de agua y tierras; el desarrollo de medios de comunicación y transporte (puertos, aeropuertos, carreteras, túneles, ferrocarriles, compañías de aviación), el desarrollo de telecomunicaciones (telefonía digital y sistemas satelitales), banca y servicios financieros, petróleo y petroquímica, complejos siderúrgicos, y la privatización de sistema de seguridad social, fondos de pensión y retiro de los trabajadores (Gilly y Roux 2009: 31). Además proyectos como la minería a cielo abierto, la instalación de confinamientos y basureros nucleares, corredores eólicos, presas o hidroeléctricas, los monocultivos de soja, la producción de agrocombustibles, proyectos inmobiliarios, de desarrollo, expansión urbana y de servicios. Estas políticas han sido operadas en el marco de tratados y planes de libre comercio y desarrollo, y financiadas por los estados nación -incluyendo a los gobiernos progresistas- y empresas trasnacionales.
Así, el despojo de pueblos y comunidades y la lógica productiva de crecimiento incesante se presentan como rasgos inherentes al sistema de acumulación capitalista, trayendo como consecuencia la contaminación del agua, del suelo, del aire, la emanación de gases tóxicos, con su secuela de calentamiento global, el agotamiento de los recursos no renovables, como es el caso de la crisis energética por el agotamiento de los hidrocarburos, la crisis alimentaria y su relación con la producción de agrocombustibles, la crisis del agua, y las enfermedades y muertes evitables en toda clase de seres vivos.
Para muchas voces de la academia y el campo popular, este diagnóstico ha colocado en el centro de la mesa la necesidad de transformar la racionalidad productiva, a través de la cual se ha destruido atrozmente la base de los bienes necesarios para la sustentación de la vida. Todas estas voces han anunciado y advertido que si no se producen cambios estructurales en los modos de producción de la vida en el capitalismo, la vida humana y no humana corre el peligro de perecer en su propia reproducción.
Contradicción capital- trabajo y capital- naturaleza
Los mecanismos de acumulación a partir de la expoliación y de la externalización de costos, especialmente a partir de la degradación de la tierra, el territorio y los recursos naturales son parte indisociable del funcionamiento capitalista y no sólo efectos colaterales incontrolados. Rosa de Luxemburgo afirma que la acumulación capitalista tendría un carácter dual: “el otro aspecto de la acumulación de capital se da entre el capital y las formas de producción no capitalistas (…) aparecen aquí, sin disimulo, la violencia, el engaño, el pillaje” 5 . El despojo violento de bienes estratégicos sería el otro motor de la esencia de la acumulación debido a la incesante necesidad de externalizar tres costos ocultos que los productores no necesariamente realizan: la eliminación de residuos (especialmente los tóxicos), la renovación de materia prima (esencialmente los bienes naturales) y los costos de infraestructura. (Wallerstein 2005: 111). Es decir, las formas violentas de expoliación capitalista sobre la naturaleza significan una necesidad estructural para externalizar los costos de la producción industrial y mantener el crecimiento infinito sin importar sus efectos sociales y ambientales. Esta lógica es inherente al capitalismo, pero se hace evidente en el momento en que el sistema de mercado ha invadido por completo el orbe.
El agotamiento gradual de espacios libres de residuos, la disputa geopolítica por recursos estratégicos no renovables cada vez más escasos, así como la intensificación de inversiones en el sector inmobiliario, ligado directamente a necesidades de infraestructura y comunicación para el flujo de capitales, mercancías e inversiones, está haciendo evidente el escalamiento de la conflictividad con poblaciones, comunidades y movimientos locales afectados por las necesidades incontenibles de crecimiento. Pero aún más, el enfrentamiento se polariza con los sujetos sociales que conservan, aunque sea parcialmente identidades y formas productivas que no están basadas en la máxima ganancia debido a que “el capitalismo tiene una tendencia histórica a destruir y absorber los modos de producción no capitalistas (…) los usa para crear nuevo espacio para la acumulación de capital” (Harvey 2001: 270) ya que el imperativo de acumular, implica, en consecuencia, el imperativo de superar obstáculos espaciales.
Vemos que el crecimiento, aceleración y expansión de la acumulación requiere vencer al espacio mediante el tiempo, permitiendo que los flujos de mercancías y capitales accedan a cada vez más territorios, cada vez más rápido. Esta lógica infinita, sin embargo choca directamente con territorios y recursos ambientales finitos por un lado, y con culturas, comunidades y colectividades situadas en los lugares de extracción, producción o desecho que se defienden de los efectos de dicha lógica.
Es así que vemos que del carácter inherente del capitalismo, esto es, de su naturaleza autodestructiva y del complejo metabolismo de las sociedades capitalistas, se originan por lo menos dos grandes contradicciones: Una de ellas es la tensión entre los ciclos de reproducción del capital vs. los ciclos de reproducción de la vida. Tal y como lo plantea Jorge Veraza: “los ciclos de reproducción de la naturaleza no son tan rápidos como el ciclo de rotación del capital (…) estas diferencias suscitan necesariamente una contradicción entre el dominio del capital industrial y los ciclos biológicos del planeta”. O como lo plantea Joan Martínez Allier: “la economía recibe recursos y produce residuos, explotando más allá de su capacidad de regeneración”. Esto se deriva de la imposición del horizonte de abundancia con que la modernidad ha operado en los últimos tres siglos, de la cual se ha producido la idea de que los recursos del planeta son infinitos y que en todo caso sólo hay algunos y excepcionales fallos del mercado o externalidades que generan costos ambientales. Esta visión hegemónica parte de suponer que “el mercado funciona como mecanismo racional de asignación de recursos (…) en el que los problemas ecológicos surgen de la ausencia de racionalidad mercantil privada”, y no de las propias contradicciones del capitalismo y los límites de la naturaleza.
Otra contradicción se produce entre la lógica productiva que mercantiliza y cosifica la vida, como una materia prima, un bien de consumo; y por otro lado, los lenguajes de valoración de los pueblos que conciben a la tierra y a la naturaleza como su madre, como un bien inconmensurable, que no tiene precio. La disputa de las luchas socioambientales está en sacar los bienes comunes, de la esfera económica y su valorización. En este terreno se enfrentan dos formas contrarias e incompatibles de percibir la vida: “la naturaleza y el régimen del tiempo capitalista.”
En el marco de la mundialización financiera y de los mercados globales, sin embargo, la necesidad de expoliación de los bienes naturales se acelera ya que la capacidad competitiva de los complejos y conglomerados multinacionales no sólo dependen de fuerza de trabajo barata o materias primas a precios favorables sino de “un complejísimo sistema de condiciones marco (…) se trata de sistemas de provisión de energía y transportes, infraestructuras sociales y administrativas, fuerza de trabajo especialmente calificada, además de las correspondientes condiciones habitacionales y de vida acordes(…)”(Hirsch 2001:143). Ello explica la enorme presión sobre los bienes y territorios no sólo por su cualidad dotadora de materias primas sino por la necesidad de crecimiento de condiciones estructurales para la acumulación global.
E s así como los efectos de la sociedad industrial y las bases de la modernidad capitalista han detonado en los últimos años en todo el planeta una crisis sin precedentes en diferentes ámbitos de la vida, incluyendo el ambiental. Frente a los aparentes límites absolutos del sistema de poder y dinero del capitalismo, el actual desastre ecológico es leído por muchos como síntoma de una profunda crisis civilizatoria y de un modelo de control tecnológico basado en la máxima ganancia a costa del dominio, desarticulación y desprecio de los procesos agrícolas tradicionales, de las estrategias productivas de los pueblos originarios y del patrimonio de los bienes comunes y culturales.
México: camino de resistencias y alternativas frente a la desposesión
En toda la historia de la humanidad, a lo largo y ancho del planeta han surgido diferentes respuestas sociales para enfrentar la desposesión, el despojo de bienes colectivos y la mercantilización de la vida. No obstante, a partir de los últimos diez años es notoria la emergencia de un nuevo ciclo de luchas socioambientales en América Latina, lo cual en buena parte se debe al complejo metabolismo de las sociedades capitalistas y su crecimiento de flujos de energía, materiales y salida de residuos (Martínez Allier, 2009: 2).
Estos movimientos han surgido como resistencias y protestas de afectados ambientales, que muy pronto han traducido sus demandas en una lucha por el control colectivo de los recursos, por el derecho a la autodeterminación de sus propias condiciones de existencia, por el bloqueo de las formas depredadoras y contra el despojo de tierras, agua, bosques, biodiversidad, saberes ambientales tradicionales, y otros bienes comunes. México se encuentra también dentro de esta tendencia.
Con el auge e implementación de las políticas neoliberales se ha venido produciendo una reconfiguración del andamiaje normativo e institucional para facilitar la desposesión. Uno de los rubros más importantes de esta transformación ha sido el desmantelamiento del campo. El entramado de unidades productivas campesinas enfrenta en la actualidad la peor de las crisis. La alta migración de la población rural hacia las ciudades y hacia Estados Unidos, la dependencia alimentaria, la destrucción de las culturas y tejidos comunitarios, el despojo de tierras a partir de la cesión de derechos a particulares, y en general la pulverización de la producción agrícola campesina a nivel nacional, son algunos de los componentes de esta crisis (Hernández/ Navarro: 2010).
El reordenamiento que el campo ha sufrido, en buena medida ha sido provocado por la creación de marcos legales como la firma del Tratado de Libre Comercio, y en particular lo señalado en el capítulo agropecuario, que estipula la reducción o eliminación de los aranceles en todos los productos agropecuarios con excepción del maíz, el frijol y la leche a los cuáles se les dio un plazo de 15 años para eliminar a cero su arancel; así como la modificación al artículo 27 constitucional, con lo que se “permitió rentar y vender las tierras ejidales, se autorizó la inversión de sociedades mercantiles en terrenos rústicos y, lo más importante, se canceló el reparto de tierras” (Rubio, 2009: 5).
Estas modificaciones legales y la política estatal en el tema agropecuario, las cuales básicamente se ha fundamentado en su abandono y en desestimular su producción nacional, han generado las condiciones para el dominio de las grandes transnacionales agroalimentarias, así como la exclusión masiva de los pequeños productores rurales (Rubio, 2009: 6). Con todo ello, se ha transformado la forma de organización productiva del campo mexicano, a través de nuevos modos de apropiación y concentración de las tierras para la acumulación capitalista (Serna, 2009: 26, 27).
En el discurso de “desarrollo” el gobierno argumenta que ante la crisis del campo y el abandono de las tierras lo mejor es la privatización y la generación de proyectos para su mejor aprovechamiento. Como si los campesinos y productores rurales hubieran sido los responsables del desmantelamiento del campo y su modo de relación con la tierra hubiera generado la crisis actual. Lo cierto es que las estrategias discursivas del gobierno mexicano y de las cuadrillas empresariales han venido desacreditando las formas de organización autóctonas y comunitarias (Hernández/ Navarro: 2010).
Asimismo con la aprobación de la Contrarreforma Indígena en 2001 a contracorriente del enorme proceso de movilización social constituido a favor de los Acuerdos de San Andrés, se abrió un nuevo ciclo de reformas “en materia de bosques, aguas, semillas, minería, bienes nacionales, conocimiento tradicional y biodiversidad, todas orientadas al despojo capitalista de los territorios campesinos e indígenas, todas avaladas por el conjunto de la clase política” (Serna 2009: 26).
Tal es el caso de la Ley Minera de 1992 que, conjuntamente con la Ley de Inversión Extranjera, permitió que entes trasnacionales controlen el 100% de las actividades de exploración y producción en el ramo. O la Ley de Biodiversidad de Organismos Genéticamente Modificados en 2005 que pone en riesgo la diversidad biológica, la soberanía alimentaria, los cultivos y plantas de los que México es centro de origen, ofreciendo a cambio, seguridad a las cinco empresas trasnacionales que controlan los transgénicos a escala global, de los cuales Monsanto tiene 90 por ciento (Ribeiro, 2005).
Asimismo los megaproyectos de infraestructura que se han venido impulsando en México, en el marco de diferentes acuerdos y tratados comerciales, como es el caso del Plan Puebla Panamá, hoy Proyecto Mesoamérica, tienen como objetivo dominar una serie de áreas para su valorización, dominación e integración al "sistema del mercado global". El impulso de superautopistas, carreteras, megaproyectos turísticos, sistemas de transporte, vialidades, represas hidroeléctricas, basureros comunes, basureros industriales y tóxicos ha ido acompañado de las modificaciones al marco normativo, al relajamiento de leyes de protección ambiental y de la salud, así como de fuertes procesos de despojo contra comunidades poseedoras de la tierra.
Por otro lado, se han detonado numerosos intentos de privatización de manantiales, ríos y ojos de agua en innumerables regiones del país, y elevado los costos por el suministro de agua, en medio de una profunda crisis de escasez de agua, sobretodo en las zonas urbanas.
El reordenamiento de la forma productiva agropecuaria y alimentaria y la profundización del modelo extractivo, como parte de los procesos de acumulación capitalista en México, son algunos de los componentes del complejo escenario que enfrentan los pueblos y comunidades en defensa de sus bienes comunes.
Frente a todo ello se ha venido constituyendo un incipiente pero creciente ciclo de luchas socioambientales en todo el territorio nacional, identificando hasta el momento más de sesenta expresiones de resistencia que han comenzado a organizarse para encontrar una salida a los problemas de desposesión. Estas luchas están siendo protagonizadas principalmente por comunidades indígenas y campesinas, aunque también por comités vecinales, asambleas ciudadanas, organizaciones sociales y colectivos juveniles quienes enfrentan proyectos y políticas de privatización de bienes comunes, de desarrollo urbano, inmobiliario, servicios e infraestructura carretera; tiraderos de basura; desarrollo de complejos turísticos y náuticos; construcción de presas e hidroeléctricas; grandes explotaciones de minería a cielo abierto; problemas de contaminación por el desarrollo industrial y su relación con fuertes problemas de salud; siembra de monocultivos y transgénicos; biopiratería y patentes sobre biodiversidad y saberes tradicionales.
En Chiapas, el Frente Regional contra las privatizaciones conformado por decenas de comunidades de la región de la Sierra enfrentan 56 proyectos de minería a cielo abierto. El movimiento zapatista y otras organizaciones indígenas enfrentan los desalojos y las reubicaciones del gobierno para la construcción de la carretera Ocosingo-San Quintin-Margaritas y San Cristóbal- Palenque y contra el llamado “Centro Integralmente Planeado Palenque-Agua Azul (CIPP), así como contra la extracción de recursos naturales y material genético de la Reserva de la Biosfera de Montes Azules.
El movimiento Mazahua encabezado por mujeres indígenas del Estado de México lucha por el derecho al agua, debido a que sufren la escacez de este líquido vital por el sistema de presas Cutzamala que abastece de agua a la Ciudad de México, despojando de ese recurso a las zonas aledañas a este sistema acuífero. Las amenazas de acción directa y boicot al suministro de agua de la Ciudad de México causaron revuelo nacional.
Los ciudadanos de Jilotzingo en el Estado de México, enfrentan la construcción de un tiradero de basura industrial y tóxica de la Empresa Confinam, el cual afectará con 1,800 toneladas diarias de basura a una importante zona boscosa y contaminará el acuífero Cuautitlán- Pachuca en el Estado de México e Hidalgo, uno de los mantos freáticos más grandes del país. En un caso similar la Empresa BEFESA ha debido detener la construcción y operación de un basurero tóxico cercano a la población de Zimapán, en el estado de Hidalgo, debido a la formación de un importante movimiento reunido en “Todos somos Zimapán”, que ha impulsado un fuerte proceso de resistencia y movilización contra el proyecto. En ese mismo sentido, pero contra un relleno sanitario, en la Ciudad de Cuernavaca se constituyó el Frente de Afectados por el basurero en Loma de Mejía.
Diversas comunidades y organizaciones resisten a la construcción de una carretera que atravesará el Bosque de Agua en el Estado de México, Morelos y el sur del Distrito Federal, destruyendo una de las regiones de mayor importancia biológica e hidrológica, incluyendo dos Áreas Naturales Protegidas Federales: Ciénegas de Lerma y el Corredor Biológico Chichinautzin.
En el estado de Guerrero el Consejo de Ejidos y Comunidades Opositores a la Presa La Parota resiste a la construcción de un megaproyecto hidroeléctrico de enormes magnitudes en el Río Papagayo, el cual afectaría directamente a 25 mil campesinos y desertificaría las tierras de 75 mil más que siembran río abajo. El CECOP ha impulsado una resistencia exitosa desde el año 2003, que ha detenido las obras con resistencia civil, recursos jurídicos, movilización masiva de sus comunidades y visibilidad nacional e internacional, lo que lo ha convertido en un emblema nacional de defensa de la tierra y el agua (CECOP 2009: 49).
En el estado de Morelos se conformó el Consejo de los 13 pueblos, en conflicto con el Gobierno Estatal por el control de los recursos naturales, especialmente el agua. El Consejo se ha organizado de manera inédita (en realidad ha logrado aglutinar a cerca de 40 comunidades) para salvaguardar sus territorios ancestrales y agrícolas del Plan Nacional de Desarrollo que pretende construir 100 mil casas en sus regiones, en defensa del agua y la tierra.
La Organización de Campesinos Ecologistas de la Sierra de Petatlán lucha contra la tala depredadora de bosques de la Sierra de Petatlán y en Coyuca de Catalán a cargo de la empresa maderera estadounidense “Boise Cascade”. Cabe resaltar el encarcelamiento de algunos de sus integrantes por varios años.
En Huejuquilla el Alto, Jalisco, los indígenas wixárika mantienen la defensa de los bosques y el rechazo a la construcción de una autopista que cercenaría su territorio, destruyendo centros ceremoniales y biodiversidad. De igual manera, en Jalisco un conjunto de organizaciones se ha opuesto a la construcción de la Presa de Arcediano al norte de Guadalajara sobre una zona de conservación ecológica, así como las comunidades de Temacapulín, Palmarejo y Acasico enfrentan las obras de la Presa El Zapotillo; una gran cantidad de vecinos del Municipio de Juanacatlán y el Salto sufren desde hace más de treinta años la contaminación de las descargas tóxicas vertidas sobre el río Santiago.
En Oaxaca, la Coordinadora en defensa de los recursos naturales y de nuestra madre tierra del Valle de Ocotlán- Ejutla luchan contra un proyecto de minería a cielo abierto que los despojará de sus comunidades y contaminará sus tierras y cuerpos de agua. Resalta la toma directa de la mina por las comunidades para su cierre y el posterior operativo de desalojo con fuerte brutalidad policiaca. De igual manera el Consejo Autónomo Cuicateco resiste al despojo de sus tierras para la instalación de una minera a cielo abierto. El Consejo de Pueblos Unidos por la Defensa del Río Verde lucha contra el proyecto de la presa de “Aprovechamiento Hidráulico de Usos Múltiples Paso de la Reina” sobre el cauce principal del río Verde inundando terrenos de poblaciones enteras y afectando las especies de flora y fauna de la región.
En Puebla y Tlaxcala algunas comunidades enfrentan la contaminación del Río Atoyac, y el frente de pueblos en defensa de la tierra y el agua puebla y tlaxacala defiende sus tierras y luchan contra el despojo para la construcción de dos mega proyectos carreteros “Arco Norte” y “Arco Sur Poniente”.
En el caso de la Ciudad de México, se ha constituido el Frente de Pueblos de la Anáhuac contra la línea 12 del metro con terminal en Tláhuac y una serie de espacios vecinales contra la construcción de vialidades en toda la Ciudad . Estos desarrollos de infraestructura tienen el objetivo de profundizar la urbanización del Valle de México, detonando con ello, la expansión de la mancha urbana hacia tierras forestales, de cultivo, áreas de vida silvestre, chinampas, barrancas y por otro lado, destruyendo y pavimentando las pocas áreas verdes que quedan dentro de la Ciudad, tales como jardines, parques y camellones.
Por otro lado, existen diversos esfuerzos de coordinación y articulación entre resistencias, tal es el caso de la Asamblea de Afectados Ambientales que se creó en 2008 por comunidades, pueblos, colectivos y organizaciones sociales de decenas de localidades, como espacio de encuentro autónomo y de coordinación conjunta para enfrentar las problemáticas ambientales. Los diferentes movimientos que integran esta Asamblea enfrentan conflictos sobre agua, basura, vivienda, urbanización “salvaje”, construcción de carreteras, destrucción de bosques, políticas agrarias, avance de la agricultura transgénica, desarrollos hoteleros, despojo de playas y daños a la salud. También hay otras redes como la Red Mexicana de Afectados por la Minería (Rema) que nació en el 2008 constituida por organizaciones sociales, indígenas, campesinas, comunidades, organizaciones de derechos humanos, de educación, de comunicación, movimientos, colectivos de estudiantes, académicos, entre otros, para integrar un movimiento en contra de la minería y fortalecer las luchas y movimientos locales de resistencia.
También se encuentra el Movimiento Mexicano de Afectados por las Presas y en Defensa de los Ríos (Mapder) el cual se conformó en el año del 2004 con la finalidad de aglutinar frentes estatales, organizaciones sociales y civiles y a comunidades de todo el país afectadas por la construcción de presas: hidroeléctricas, de irrigación, de abastecimiento y de usos múltiples. Y la Alianza Mexicana por la Autodeterminación de los Pueblos (Amap) la cual ha fungido como espacio de coordinación, intercambio de información, análisis, discusión y movilización de las organizaciones sociales y civiles frente al Plan Puebla Panamá y otros proyectos que amenazan la autonomía e identidad de las comunidades.
Ahora bien, a pesar de las enormes diferencias entre cada una de las luchas mencionadas anteriormente, hemos encontrado elementos comunes en las formas en las que los afectados ambientales están enfrentando los modos concretos de la desposesión. A continuación trazamos algunos de ellos a partir de la observación directa de algunas de las experiencias de resistencia en México.
Subjetividades anticapitalistas en defensa de la tierra, el territorio, la vida y los bienes comunes
Nos referirnos a estas luchas como socioambientales debido a que desde nuestra perspectiva son movimientos que pelean contra la escisión ambiente- sociedad, enfrentando con ello, entre otras cosas, el discurso del conservacionismo por parte de los Estados y las empresas, quienes niegan que los pueblos puedan tener formas sostenibles para gestionar la naturaleza.

Las luchas socioambientales son concebidas como parte de un movimiento global de ecologismo popular o de justicia ambiental (Martínez Allier, 2009: 4) que pelea por su propia subsistencia a partir de la defensa de sus bienes comunes. “En el Tercer Mundo, los movimientos ecologistas no son un lujo de los ricos, sino un imperativo para la supervivencia de la mayoría de la población, cuya vida corre peligro y se ve amenazada por la economía de mercado y por la expansión de ésta” (Shiva, 2006: 65, 79).
Este movimiento de justicia ambiental esta siendo protagonizado por comunidades y culturas que en medio del desgarramiento que ha producido las relaciones capitalistas veneran la vida. La disputa que estas luchas libran es por la producción y reproducción de la vida, la lucha es contra el capitalismo y su lógica de “anti-vida” (Shiva, 22: 2006), centrada en la ocupación y captura infinita de los procesos vivos.
Estas colectividades surgen generalmente como esfuerzos autoconvocados por los propios afectados para deliberar y reflexionar sobre qué hacer juntos, sin que ninguna instancia externa convoque para formar y dirigir un formato específico de organización. La autoconvocatoria de los afectados se da principalmente ante la reacción espontánea que generan los procedimientos antidemocráticos, irregularidades e ilegalidades, presentados en la mayoría de los casos, por los gobiernos que buscan apresurar decisiones fundamentales para la implementación de los proyectos de desposesión. Este sentimiento de afectación que se irá traduciendo en expresiones de resistencia, se produce por la exclusión de las comunidades y los pueblos que ven cómo de un día a otro, sin que ellos hayan sido consultados, sin que ellos lo hayan decidido, su vida y entorno pueden cambiar para siempre.
Una dimensión de estos conflictos se centra en los procedimientos que se emplean para la aprobación de los proyectos, que son cuestionados por la gente en sus formas, mecanismos y actores involucrados. Los movimientos que surgen en reacción a los proyectos de desarrollo o explotación cuestionan cómo se decide y quién decide sobre su vida, sobre la tierra y los bienes comunitarios.
En muchas ocasiones, estos esfuerzos autoconvocados de movilización social se presentan como los primeros intentos de organización frente a problemas de este tipo o como las primeras experiencias políticas. Esto les imprime un carácter particular con respecto a los formatos organizativos que la izquierda clásica ha conformado.
Cabe mencionar que muchos de estos movimientos de resistencia, sobretodo los comunitarios, indígenas o campesinos, se construyen sobre lazos comunitarios y formas de organización social preexistentes. En estas luchas los modos de organización tradicional funcionan como redes para tejer la resistencia y la movilización.
Los rasgos más característicos en las formas de organización y de funcionamiento son la reivindicación de la democracia directa, la horizontalidad y la asamblea, apareciendo ésta última como el espacio de deliberación, de pensamiento colectivo, de circulación de información y toma de decisiones más importante. Estos mecanismos y modos de regulación han buscado sostenerse en procesos democráticos de diálogo, para construir acuerdos, soluciones y decisiones, que ayuden a involucrar a todos los afectados.
Hemos percibido que en estos esfuerzos de movilización se carece generalmente de estructuras organizativas rígidas o formales, la separación dirigentes-bases tan marcada en los movimientos sociales tradicionales tiende a disolverse o relativizarse en mecanismos asamblearios y se presenta una incipiente distancia de la idea de representación. Esto último se ha podido detectar en el rechazo que muchas de estas luchas han presentado frente a políticos profesionales, partidos políticos u organizaciones formales que se han acercado para intentar incidir, dirigir o encabezar los esfuerzos de oposición.
Entonces, en su primera fase de actuación estos movimientos de resistencia emergen como respuestas autoconvocadas de afectados, como movimientos opositores, como movimientos del NO. Aunque muy rápidamente estos movimientos del NO, de cuestionar sólo el procedimiento y exclusión de las decisiones pasan a cuestionar el porqué y para qué de estos proyectos de desarrollo y explotación de recursos.
Percibimos que en medio del riesgo que viven las comunidades de perder absolutamente todo, se abre el campo de la autoafirmación, en el que las comunidades comienzan a valorar, imaginar y a decidir cómo desean vivir su presente y futuro. Es en este momento que se presenta un punto de quiebre en los procesos de subjetivación colectivos, atravesados por la emergencia de nuevos horizontes de sentido donde la autoafirmación de los pueblos habilita una dimensión utópica y un porvenir distinto al impuesto por la normalidad capitalista.
Es en este punto de quiebre, donde aparecen como dimensiones esenciales de la insubordinación -en palabras de John Holloway- el contra como proceso en el que la confrontación hacia el orden dominante es explícita y el más allá como la construcción de un modo de regulación social distinto. Los movimientos ya no sólo pelean, se organizan e interpelan al poder para rechazar la desposesión, sino que reconocen y afirman el despliegue de valores de uso para enfrentar la vida colectivamente de otra manera.
Ahora bien, es posible que sí los conflictos mantuvieran su campo de disputa en la dimensión procedimental que hemos expuesto, pudieran buscarse herramientas político-jurídicas que las trasladaran a un proceso menos polarizado y tenso. Sin embargo, los movimientos comunitarios buscan respuestas a sus principales interrogantes que se hacen urgentes en medida que avanza la agresividad con que se impulsan estos proyectos y decisiones desde el Estado y las empresas en cuestión. Los movimientos se preguntan a quiénes benefician estos proyectos, cuál es el impacto sobre la tierra y los ecosistemas y su utilidad colectiva o popular. La mayoría de las veces concluyen cuestionando todo el modelo de desarrollo sistémico, sus bases, su discurso, su forma, sus beneficiarios y sus impactos, lo que radicaliza por completo sus estrategias, actitudes y acciones. Con ello, las luchas logran situarse frente al problema de otra manera, desbordando con sus preguntas e interrogantes los marcos institucionales.

Es así como se enfrentan dos proyectos basados en premisas diametralmente opuestas. Los movimientos valoran las culturas y tradiciones comunitarias ligadas al arraigo sobre la tierra y el trabajo que deriva de ellas como identidad de sus pueblos; valoran el usufructo de los recursos sólo para la reproducción y no para la acumulación; valoran también algo que surge en numerosos conflictos que ellos mismos nombran con la palabra dignidad, que identifica numerosos sentimientos colectivos sobre el no sometimiento, la identidad comunitaria, el respeto y la determinación propia -a pesar del obvio desequilibrio de fuerzas a favor del Estado y las empresas-; y, en especial, un profundo sentimiento colectivo de la justicia que no está a discusión a pesar de que cualquier balance objetivo sobre la fuerza del Estado les sea adverso. En suma, priorizan valores y posiciones no mercantiles, sobre su identidad, su historia y los ecosistemas. Son de alguna forma racionalidades distintas a la dominante. Como plantea Enrique Leff “lo que subyace a los conflictos de distribución ecológica son estrategias de poder en torno a paradigmas sociales y racionalidades productivas alternativas”.
Es por ello que de esta racionalidad alternativa, surge todo un cúmulo de sentidos, saberes, construcciones colectivas que incluso podemos considerar paradigmas alternos a los dominantes, basados en una perspectiva de nuevos derechos de uso y apropiación de la naturaleza, derechos a elegir, decidir y construir formas de desarrollo ambiental-territorial y el derecho a controlar procesos productivos en sus localidades.
Frente a todo ello, el Estado surge como principal impulsor de los proyectos de desarrollo y explotación de la mano de las empresas e inversores que son menos visibles, pero puede, en varias fases del conflicto, apreciarse su influencia y poder sobre el procedimiento de aprobación y decisión. El Estado a diferencia de los movimientos, apela a la necesidad nacional o el interés común como principal eje de interés para el impulso de los proyectos, acompañado del objetivo del crecimiento económico, la inversión, la creación de empleos y en general la idea de desarrollo entendido como aumento de infraestructura, explotación de recursos y acumulación.
Es en este momento donde puede apreciarse el choque de proyectos. El Estado prioriza una racionalidad económica basada en la máxima ganancia y el desarrollo entendido como las condiciones necesarias para la acumulación capitalista. Los movimientos priorizan una racionalidad no económica cuyo eje es la preservación de sus comunidades, culturas y ecosistemas. La tierra, el agua, los bienes comunitarios, la cultura, las tradiciones se presentan como bienes inconmensurables, sobre los cuales los pueblos no están dispuestos a negociar, rechazando contundentemente que éstos tengan precio. La lucha a librar transita entonces entre la vida o la muerte.
El interés por el desarrollo económico se vuelve una urgencia del Estado, presionado por intereses de acumulación e inversión “nacionales” o “trasnacionales” que implican una enorme fuerza política, mediática, represiva y en muchas ocasiones jurídica. El interés local por la preservación de pueblos y ecosistemas es en comparación una fuerza mucho más pequeña, que sin embargo sostiene en ocasiones una resistencia anclada en la movilización y participación de los pueblos que puede ser desbordante y, a veces, sorprendente.
En los trayectos de la lucha, muchos movimientos comienzan optando por recurrir a las instancias y canales institucionales, frente a la negativa y limitación de éstas, se ha presentado una orientación cada vez más tendiente a que la auto-organización y la movilización social sean las fuentes de resistencia y lucha privilegiadas. De este modo, las luchas pueden desplegar una serie de estrategias; el trabajo territorial- local y la organización de base de las comunidades afectadas; la resistencia, acción directa y la movilización social; la articulación y coordinación con otras luchas y ONG’s; el empleo de recursos legales y jurídicos.
Así, el agotamiento de los canales institucionales, ha traído consigo la emergencia de una crítica sobre las prácticas de los partidos políticos y de la clase política. La maquinaria institucional no sólo se presenta como insuficiente para la resolución de las demandas sociales, sino que ésta y lo poderes económicos mantienen una relación de complicidad cada vez más cínica para la implementación de los proyectos de desposesión.
Por otro lado, la oposición de las luchas ambientales contra la racionalidad económica de los poderosos advierte el desarrollo de una sociabilidad alternativa y lenguajes de valoración basados en una nueva ética con la naturaleza. Existe una tendencia a cuestionar y poner en entredicho los fundamentos de la sociedad industrial y de la modernidad, presentándose una sensibilidad con el medio ambiente y reivindicándose las formas tradicionales que los pueblos y comunidades han mantenido con su entorno para la reproducción de la vida.
En el carácter emergente de estas luchas se va configurando el antagonismo contra el Estado y el capital, el cual encuentra su anclaje a un tejido comunitario territorial que en los momentos de confrontación se activa como un sujeto comunitario. La construcción de los horizontes de sentido del sujeto comunitario se articulan históricamente con el pasado, siendo la memoria uno de los terrenos desde donde imaginar y rastrear modos de relación con la naturaleza no mercantiles, mediados por valores de uso que hacen posible pensar en alternativas más allá capitalismo
De este modo, la emergencia de múltiples respuestas desde lo social para enfrentar la catástrofe capitalista, bajo la clave de la violencia, despojo y destrucción, constituye una de las luchas más importantes a favor de la vida, como camino de resistencia ante los efectos de la crisis ambiental. Al mismo tiempo que en medio del conflicto contra la desposesión se vislumbra en ellas- como horizonte de sentido- la prefiguración de una nueva subjetividad y modos de relación anticapitalistas de los hombres y mujeres con la naturaleza.
Bibliografía y Hemerografía:
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1 Velloso Agustín. Guinea Ecuatorial 2009. En revista Pueblos. Agosto de 2009. www.revistapueblos.org
2 Según distintas fuentes periodísticas el proyecto de un nuevo aeropuerto en la periferia de la Ciudad de México alcanzaba los 18 mil millones de pesos mexicanos, es decir unos 1300 millones de dólares. En el caso de la Parota, según las propias autoridades del Gobierno del Estado de Guerrero y el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan la inversión rondaría entre 850 y 1000 millones de dólares.
3 Citado en: Alimonda, Héctor, “Una introducción a la Ecología Política latinoamericana” [CLASE], en el curso: Ecología política en el capitalismo contemporáneo, Programa Latinoamericano de Educación a distancia, Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, Buenos Aires, Junio 2009, pp. 15- 16.
4 Algunos de los autores que comparten esta tesis son: Michael Perelman, Massimo De Angelis, John Holloway y Werner Bonefeld.
5 Citado en: Harvey, David, Espacios del capital: hacia una geografía crítica, Ediciones Akal, Madrid, p.11.
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