domingo, 7 de marzo de 2010

DIALÉCTICA 2010

El Tábano de Io
Año uno/N° 8/ Marzo 2010

www.elteatrito.com

Alternativa Social Independiente
Resistencia artística contra la hipocresía y el olvido

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EDITORIAL


La norma sistémica de la mentira.
Un ejemplo de por donde se construyen las complicidades de la IMPUNIDAD en México, salta a la vista, nuevamente, con el asunto de Marcial Maciel fundador de la “Legión de Cristo”, cuyo legionarios, entre otras cosas, afirman en sus privadas universidades: “estar formando a los lideres del mañana”. Válganos Dios. Si los líderes “del mañana” están formados bajo la sombra y el ejemplo de ni más ni menos que de Marcial Maciel. Y es un asunto que no es exclusivo de los mexicanos. En el encubrimiento y la red de protección al fundador pederasta de los “Legionarios de Cristo” está la jerarquía católica vaticana. E insisto que un buen ejemplo de la sociedad que hoy somos está retratado en el asunto Maciel.
No se trata de cuántos sabían o no sabían de la doble o triple vida del sacerdote pederasta. Sino los recursos utilizados por todos los que, una vez sabiendo del asunto, intentaron ocultarlo, ignorarlo, silenciarlo y más aún intentaron justificar la inmoralidad del “líder moral” de la iglesia católica.
La complicidad en el silencio de quienes saben del hecho denunciable por aberrante o carente de comportamiento ético, los convierte en cómplices del delito.
La iglesia católica mexicana, que es muy ducha para satanizar el derecho a la diversidad sexual, enseña a sus fieles a mentir sistemáticamente y herederos, por desgracia, que somos, de su impuesta fe, los mexicanos caminamos ocultando lo que sabemos y pidiendo perdón divino por nuestra “involuntaria” participación en los crímenes.
El dramaturgo Argentino Arístides Vargas, muy mal entendido por estas tierras, por cierto, pone en voz de sus personajes parte de ese imaginario que impregna a todo el continente: - ¿A usted por que lo expulsaron de su país? -No a mi no me expulsaron, a mi me mataron. -¿La policía? –No, mis vecinos. -¿Como así? -(...) Ellos no sabían que eran asesinos (...) Lo supieron el día que me llevaron preso porque no dijeron nada; trataron de olvidar lo que habían visto y yo caí fulminado por el olvido, la desidia y el miedo, en el mismo instante en que ellos cerraron sus ventanas”.
Es en esos silencios, en las complicidades de negar el derecho a la existencia de los otros, o en ocultarnos detrás de la ventanas para no reconocer la existencia del otro, es que se funda la posibilidad siniestra de la IMPUNIDAD. Callamos para no involucrarnos o callamos para ver si recibimos recompensas limosneras. “Mi silencio es tu confort”, cantan, los Jam Gorilas de Yucatán, y razón no les falta. Pero donde la “sociedad” se vuelve intolerante, bajo el discurso de “la tolerancia”, es cuando el otro habla, cuando el otro grita su desacuerdo y pone en duda la “normalidad de la regla” y abre el imaginario de que las cosas pueden y deben ser de otra manera. Y entonces, la “sociedad tolerante”,  incapaz de querer asumir la responsabilidad de ser sujeto histórico activo, busca rápidamente acallar el grito de los otros: de “los trasnochados”, de “los renegados”, de los intolerantes por el hecho de no tolerar la mentira y denunciar, con su grito, la hipocresía de la corrupción, no meramente institucional, sino la hipocresía de una sociedad que dice “construir espacios de diálogo”, siempre desconociendo el derecho de los otros, de los que no están dispuesto a callar y vivir en la norma sistémica de la mentira.  
(RAJ)  

EDITORIAL 2


EL TEATRITO Y EL TEATRO DE LA CRUELDAD

José Cueli señala que aquellos seres humanos socialmente arrinconados sufren un doble exilio: el de la exclusión del grupo al que arriban con quien no comparten ni las simbologías, ni la textualidad, y el otro, que pesa y gravita sobre todos nosotros: el del teatro de la crueldad.

Es en contra de ese teatro de la crueldad, en coincidencia con Antonin Artaud, que desde nuestro Centro de Investigación Escénica entretejemos intimidades en la esperanza de renovar utopías, forjar verdaderas amistades, aprender del trabajo de otros que no pueden esconder su talento y denunciar sin especulación la tremenda crueldad de aquel teatro. El Teatrito vs el teatro de la crueldad. David contra Goliat. Resorteras contra espadas. Lucha en la cual no siempre triunfa el que tiene la razón, pero bien vale intentarlo.
El marginado es ese personaje que parece sumergirse cada vez más en las sombras en condiciones de extremo dolor y de un vivir infrahumano, donde desarraigo y falta de pertenencia son las coordenadas de su horizonte, nos dice José Cueli. El marginado es, decimos nosotros, ese ser humano obligado a vaciarse de humanidad, arrinconado contra la muerte lenta, pasto de las ocurrencias de mercachifles de todo tipo que intercambian vida de otros, por dinero o, por posturas e imposturas que pretenden exculparse del vivir de otros. Colgados como hilachas de los esfuerzos de otros, de la creatividad de otros, de la intimidad de otros, son muy conscientes que el dinero no da, lo que la naturaleza les niega: talento. De allí tantos gestos y señales en tanto náufragos sin luminosidad.
Crueldad en la experiencia de la marginalidad, donde todo pareciera situarse en el margen, al margen, en las fronteras, en el exilio, en la exclusión, en la tierra de nadie, en el desarraigo, en la no pertenencia, en el no ha lugar de la ley, en la fragmentación. Y es precisamente en los márgenes, en las fronteras, cruzándolas, de aquí para allá y de allá para aquí, el ámbito en el cual desde hace tiempo sentamos nuestros reales y desde donde combatimos la exclusión y el desarraigo; alzando la visión para superar la fragmentación en la tierra de nadie sí, por olvidada; allí donde las instituciones hace tiempo renunciaron a fomentar cultura creando nuevos públicos críticos. Es allí donde el marginado entre el dolor y el desencuentro … sólo sabe de hambre y miseria. Allí en el teatro de la crueldad es que medimos el “éxito” de las instituciones que por desidia o incompetencia gestan, producen y crean acorde a las necesidades de sus propios grupos e intereses sólo dolor y desencuentro.
Es allí donde nuestro diálogo encuentra sentido como verdadero vehículo de transformación. Es en este teatro de la crueldad sin rendijas para escaparse donde elegimos aplicar nuestra creatividad sin más satisfacción que unir nuestros esfuerzos con todos aquellos que deseen futuro. Simplemente futuro, en tanto el presente parece aparcado en el teatro de la crueldad que se come al planeta. Es en relación a esta realidad, enorme y cruel, que nuestro teatrito, ha elegido intimar con la gente del barrio, con los vecinos, con todo aquel que tome distancia de los deslumbrantes escaparates de los mercachifles de la cultura que nutren al teatro de la crueldad. Ese teatro de los escenarios preparados para atraer dólares y despreciar pueblo.
Vivimos en un tiempo en el cual una civilización cargada de barbarie ha generado obstáculos enormes en su pretensión de ser líder de un proyecto efímero, y conservar su liderazgo prometiendo lo que no puede cumplir. En el ensalzamiento de sí misma la civilización cargada de barbarie, ha destruido cultura a diestra y siniestra para luego confiscarles los pedazos más atrayentes y hacerlos suyos con el mismo afán de lucro con que las destruyó. Este es el teatro de la crueldad, el que tomamos como referencia para evitar complicidades que no queremos compartir y denunciar todas las atrocidades que vemos y entendemos. Nos codeamos con él sin aceptar su crueldad y sólo para descubrir en su seno los sujetos que lo enterrarán. Porque no vemos todo, ni entendemos todo lo que vemos, cruzamos fronteras, investigamos, invitamos a todos los que nos ayuden desde sus diferentes perspectivas a identificar al teatro de la crueldad, sus infinitos matices, sus trampas, sus armas. Ocho festivales lo atestiguan y demuestran que las transformaciones y los diálogos empezaron hace tiempo y en muchas partes como reacción al teatro de la crueldad. 
(MAR)

Programa de actividades y funciones


  

 

Programa de actividades y funciones del
Festival Independiente de Teatro Intimo (FITI)
Encuentro Internacional Dialéctica 2010
y
10° Cruce-Encuentro Iberoamericano de Teatro Cruzando Fronteras



Domingo 14 de marzo del 2010
Inauguración 8° FITI
Exposición fotográfica “10 años produciendo... un medio para tod@s”
Lobby del Teatro Peón Contreras
19:00hrs. Entrada Libre

Lunes 15 de marzo del 2010
10° Cruce-Encuentro Iberoamericano de Teatro Cruzando Fronteras
Mesas de reflexión, debate, cine, talleres*
Argentina, Ecuador, Guatemala, México y Venezuela
Nuevo Teatrito
10:30 a 13:30hrs. / 16:00 a 19:00hrs.

Teatro*
Cuando la felicidad así lo requiera...
México: doscientos años de memorias insurgentes
Grupo: El Teatrito, Yucatán, México
Nuevo Teatrito
Función: 21:00hrs.

Martes 16 de marzo del 2010
10° Cruce-Encuentro Iberoamericano de Teatro Cruzando Fronteras
Mesas de reflexión, debate, cine, talleres*
Argentina, Ecuador, Guatemala, México y Venezuela
Nuevo Teatrito
10:30 a 13:30hrs / 15 a 17:30hrs.

Teatro*
La Dama Boba
Grupo: Espacio Blanco
País: Guatemala, Guatemala
Nuevo Teatrito
Función: 21:00hrs.

Miércoles 17 de marzo del 2010

10° Encuentro Iberoamericano de Teatro Cruzando Fronteras
Mesas de reflexión, debate, cine, talleres*
Argentina, Ecuador, Guatemala, México y Venezuela
Nuevo Teatrito
10:30 a 13:30hrs. / 16:00 a 18:00hrs.

Teatro*
La Dama Boba
Grupo: Espacio Blanco
País: Guatemala, Guatemala
Nuevo Teatrito Función: 20:00hrs.

Jueves 18 de marzo del 2010
10° Cruce-Encuentro Iberoamericano de Teatro Cruzando Fronteras
Mesas de reflexión, debate, cine, talleres*
Argentina, Ecuador, Guatemala, México y Venezuela
Nuevo Teatrito
10:30 a 13:30hrs. / 15:00 a 17:30hrs.

Teatro*
Paglia
Grupo: DraMart
País: Mérida, Venezuela
Nuevo Teatrito
Función: 21:00hrs.

Vienes 19 de marzo del 2010

Teatro*
Paglia
Grupo: DraMart
País: Mérida, Venezuela
Nuevo Teatrito
Función: 20:00hrs.

Sábado 20 de marzo del 2010
10° Cruce-Encuentro Iberoamericano de Teatro Cruzando Fronteras
Mesas de reflexión, debate, cine, talleres*
Argentina, Ecuador, Guatemala, México y Venezuela
Nuevo Teatrito
10:30 a 13:30hrs.

Teatro*
karaoke
Grupo: El Muégano Teatro
País: Guayaquíl, Ecuador
Nuevo Teatrito
Función: 20:00hrs.

Domingo 21 de marzo del 2010

Teatro*
karaoke
Grupo: El Muégano Teatro
País: Guayaquíl, Ecuador
Nuevo Teatrito
Función: 19:00hrs.

Clausura
Nuevo Teatrito
Evento: 21:00hrs.

Celular: (999)1780796 / (999)2676105

*Todas las funciones son de Entrada Libre y Cooperación Solidaria

Nuevo Teatrito
Calle 25 N° 91 Int. Esquina con 14
Chuburná de Hidalgo Mérida, Yucatán, México

Teatro Peón Contreras
Calle 60 Entre 57 y 59
Centro. Mérida, Yucatán, México.
 


Encuentro Internacional

 
Cuando la felicidad así lo requiera
México: doscientos años de memorias insurgentes
Grupo: El Teatrito
País: México (Yucatán)
Función: Lunes 15 de marzo 21hrs
Entrada Libre / Cooperación Solidaria 
El Nuevo Teatrito



 La Dama Boba
Grupo: Espacio Blanco
País: Guatemala (Guatemala)  
Funciones: Martes 16 de marzo 21hrs
Miércoles 17 de marzo 20hrs
Entrada Libre / Cooperación Solidaria 
El Nuevo Teatrito


Paglia
Grupo: Dramart
País: Venezuela (Mérida)
Funciones: Jueves 18 de marzo 21hrs
Viernes 19 de marzo 20 hrs
Entrada Libre / Cooperación Solidaria
El Nuevo Teatrito


 
Karaoke
Grupo: Muégano Teatro
País: Ecuador (Guayaquíl)
Funciones: Sábado 20 de marzo 20 hrs.
Domingo 21 de marzo 19 hrs.
Entrada Libre / cooperación Solidaria
El Nuevo Teatrito
Función: 21hrs
Entrada Libre / Cooperación Solidaria 
El Nuevo Teatrito
 
 
Exposición Fotografica
"10 años produciendo un medio... para tod@s"
Memoria gráfica del C.I.E. El Teatrito, A.C. (1999 - 2009) 
Del 14 al 21 de marzo del 2010
Vestíbulo del Teatro Peón Contreras

  

Argentina (Mar del Plata)
Ponencia: Gestión de sala y teatro de grupo
Presentación audiovisual del trabajo en red de Cruzando Fronteras


 Argentina (Tucumán) 
Presentación del Libro: Madi In Tucumán 
Dramaturgos Tucumanos
Presentación de 2 proyectos audiovisuales para no videntes  

Materiales Sugeridos para las mesas de reflexión del 8° FITI


Miseria que crece - José Cueli
La marginación como síndrome tiene múltiples causas, pero es una sintomatología común que se observa en personas marginadas del valle de México. Estrés y neurosis traumática son dos conceptos clave que, desde la sicopatología, permiten explicar el comportamiento de marginados urbanos. Si bien estos individuos se circunscribían a los cinturones de miseria periféricos de la ciudad, en los pasados 30 años el incremento de la pobreza ha crecido de forma alarmante y ahora se ven infiltrados en el corazón de la ciudad misma.
Faltan palabras para describir lo que ha sido la dramática involución de la economía en nuestro país, azotada por las garras del fantasma del neoliberalismo, la corrupción, la violencia sin límite, la descomposición social, la ingobernabilidad reinante en esos años y, para colmo de desgracias, la terrible crisis económica que aún no toca fondo.
Herederos usufructuarios de desnutrición, depresión, carencias de toda índole y duelos no elaborados, los niños marginados vienen al mundo en condiciones precarias llevadas al extremo: servicios médicos inaccesibles, escasa o nula atención prenatal (cuando no iatrogenia), alta incidencia de complicaciones peri y trans-natales, inadecuado aporte nutricional y, para agravar aún más la situación, llegan a un hogar donde privan el ruido y el hacinamiento. La mayoría de ellos crecen entre una madre deprimida y un padre ausente, o bien alcohólico y violento, condenándolos al grito y al silencio, a la dolorosa experiencia de la marginalidad.
Coincido con las reflexiones de la sicoanalista francesa Françoise Dolto en cuanto a lo siguiente: La organización del lenguaje se origina siempre, en el ser humano, en la relación inicial y predominante madre-hijo, debido a la larga impotencia del niño para sobrevivir solo. Tal madre y tal niño se inducen mutuamente, por modulaciones emocionales ligadas a las variaciones de tensión, de bienestar, de malestar, que la convivencia y la especificidad de sus separaciones y sus reencuentros han organizado en articulaciones de signos, primer lenguaje-conocimiento, desconocimiento y reconocimiento mutuo se ligan a significaciones-señal sustanciales y sutiles (...) cuando un ser humano no encuentra una respuesta a las variaciones en sus sensaciones internas o en las variaciones de sus percepciones, ni respuesta a su petición de un intercambio complementario no experimentará en el encuentro a un ser en el que pueda confiar, un semejante a él por los vínculos de la connaturalidad. Resentirá esta nada como abandono en su hábito de ser humano, que no ha logrado encontrar entonces otro ser humano. Quedará sometido a sus solas tensiones internas de necesidades y deseos sin otra ayuda.
El marginado es ese personaje que parece sumergirse cada vez más en las sombras en condiciones de extremo dolor y de un vivir infrahumano, donde desarraigo y falta de pertenencia son las coordenadas de su horizonte.
El exilio del marginado es un doble exilio, el de la exclusión del grupo al que arriban con quien no comparten ni las simbología ni la textualidad, y el otro, que pesa y gravita sobre todos nosotros: el del teatro de la crueldad.
Crueldad en la experiencia de la marginalidad, donde todo pareciera situarse en el margen, al margen, en las fronteras, en el exilio, en la exclusión, en la tierra de nadie, en el desarraigo, en la no pertenencia, en el no ha lugar de la ley, en la fragmentación. Inframundo donde los fantasmas danzan en incesante carrusel de escenas grotescas, donde la angustia es el afecto predominante, las pérdidas y los duelos no dan tregua. Gritos y lamentos que emergen desde la oquedad, el vacío y la disonancia. Duelos negros, muy negros. Y así, entre el dolor y el desencuentro el marginado sólo sabe de hambre y miseria.



La estética de la resistencia”
Peter Weiss
Traductores del alemán: José Luis Sagüés, Arturo Parada, Luis A. Acosta
Esta obra se encuentra entre la media docena de las obras maestras de la narrativa europea durante el siglo XX, lo que no es poco decir en una centuria en la que se han producido novelas como las de Joyce, Faulkner, Kafka o Proust. Aquí nos encontramos ante un gran fresco de la historia europea y de las esperanzas revolucionarias que han movilizado esta historia, día a día, en una situación en la que la revolución soviética y sus propósitos de revolución mundial eran una encarnación real de aquel "fantasma" que ya recorría el mundo cuando Marx y Engels escribieron el Manifiesto Comunista; y el nazismo, y la guerra española, y la II Guerra Mundial pusieron en incandescencia las conciencias de los pueblos. Peter Weiss nos dejó esta gran contribución literaria para la comprensión de un tiempo en el que las generaciones venideras tendrán que buscar las semillas de su propia situación. Magna obra desarrollada en tres partes, en más de mil páginas de una densidad extraordinaria.

La estética de la resistencia, de Peter Weiss
Homenaje a los oscuros camaradas
Joxe Iriarte Bikila
Es de agradecer que Editorial Hiru de Hondarribia (colección Las otras voces) haya decidido editar La estética de la resistencia de Peter Weiss. Obra autobiográfica, dividida en tres partes, cuyas 1.080 páginas en papel biblia conforman una autentica joya de la literatura del siglo XX.
De las excelencias de la obra poco puedo decir que no se haya dicho ya, y que Alfonso Sastre resume en su prologo con la siguiente idea: "Peter Weiss siempre pensó en el Infierno de Dante como una imagen de nuestro tiempo".
Dante se imagina el infierno y lo recrea con fines morales y prácticos; Weiss lo identifica con la catástrofe que supone para la humanidad la derrota de la revolución proletaria y el surgimiento del fascismo: las bestias pardas que primero se apoderan de Alemania y posteriormente se extienden por toda Europa, produciendo tal horror en quienes lo sufren en su carne que algunas gentes enmudecen de por vida (la propia madre del autor), incapaces de superar el trauma. Pero a su vez se interroga e interroga a los suyos y alza su voz, para que se oiga en medio del crujir de los hornos.
A diferencia de los que creen que la literatura es sinónimo de invención, Peter Weiss nos demuestra, siguiendo la opinión de Césare Zavattoini, que "con la simple observación de la realidad se produce (como en el milagro de Cristo) la multiplicación de las historias".
Ciertamente, la realidad, para ser aprehendida y contada en sus múltiples facetas y expresiones, requiere un arte que en Peter Weiss alcanza una expresión irrepetible. Opinan los expertos que es la precisión casi científica de sus descripciones (físicas como una ciudad, un paisaje, un acontecimiento histórico; o intelectuales, como el hilo de una conversación o la controversia ideológica abierta entre distintos camaradas) lo mejor de P. Weiss. No seré yo quien ponga en duda esa opinión, pero hay algo más: la agudeza para ver mas allá de lo aparente, de lo obvio.
¿Qué ven los ojos del aburrido turista ante el friso de Pérgamo de Berlín? ¿Qué ven los especialistas en arte? Peter Weiss, además de una obra de arte (que es capaz de precisar de forma magistral) penetra en la esencia de la obra: la estética de su tiempo, la historia de los personajes reales e imaginados, todo ello, a través de un pensamiento dialéctico, ni escéptico ni empírico ni dogmático, sino materialista. Dioses y mortales, héroes y tiranos, esclavos y amos, son descritos y analizados a la luz de su forma de ver y sentir el arte y su relación con la lucha de clases.
Una lucha de clases vista de una forma mucho más compleja y dialéctica de lo que dictaban los cánones de la dogmática del llamado marxismo soviético. Admira un Hercúles contradictorio, rebelde a los dictados de los dioses, pero que a su vez forma parte de su mundo, del cual no puede huir, ni impedir que las masas de desheredados sigan confiando en ellos. Admira al artista cuyo cincel dio forma al friso, pero nos recuerda al cantero, sin cuyo sacrificio el artista nada hubiera podido hacer ¿Y el esclavo celta cuyo sufrimiento permitió al artista dotarse de la materia prima y a la vez le sirvió con su extenuado rostro, de modelo para escenificar al soldado desgarrado por la espada del ensalzado tirano?
¿Y sobre el fascismo? Ve al mismo como un retroceso gigantesco para la humanidad, pero constata su engarce con el sistema que le da cobertura y le dota de las más mortíferas armas y medios de dominación propagandistico-militar. Cree que la modernidad y holocausto, la ciencia y el oscurantismo conviven en la hidra. El avance de la ciencia, la organización capitalista del trabajo, puesto al servicio del intento de exterminio de una raza, le demuestra que el horror lejos de remitir con el avance de la técnica y ciencia puede alcanzar dimensiones apocalípticas y además rentables: fusilar, ametrallar, matar mediante la tortura es caro y lento, pero el exterminio en serie mediante un gas tóxico, que mata a miles y apenas cuesta dinero, se hace posible gracias a la gran capacidad técnica de la industria química alemana, cuyos dueños, como Pilatos no se ensuciarán las manos, y pasado en nazismo seguirán donde estaban, siendo los dueños de Alemania. ¿Y el pueblo alemán, cuya clase obrera fue la primera, tras la rusa, en soñar un nuevo mundo, fraterno e igualitario, pero que sucumbió fruto de su incapacidad para luchar unida, terminando aborregada, vestida de marrón, clamando al fuhrer que les prometía ser la raza elegida. ¿Es culpable? ¿Hasta dónde es culpable?
Solo los comunistas y los socialdemócratas de izquierda se salvaron de la degeneración nazi. Pero no de sus propios dogmas e ilusiones; espada de dos filos, les hace fuertes y a la vez débiles ante lo evidente: que el pueblo alemán, o está con los nazis, o le es indiferente, hasta que empieza a sufrir en sus carnes los efectos del bombardeo aliado.
Los unos confían en las democracias capitalistas occidentales, cuyo brillo y esplendor les ciega. Los otros, conservan la fe en el dogma encarnado en el Partido, fe que no se quebranta con los procesos de Moscú y las purgas de internacionalistas que combaten en el Estado Español, pero que sufre su primer gran quebranto a consecuencia del pacto Hitler-Stalin que no pueden ni explicar ni entender.
"Años de horror y de verdadero heroísmo, del heroísmo de brigadistas internacionales y sobre todo, de los camaradas oscuros quienes desde las catacumbas de la clandestinidad viven la gran tragedia tratando de descifrar lo que ocurre".
Son esos comunistas, camaradas del autor, los verdaderos protagonistas de la obra. Y de todos ellos, la camarada enlace el prototipo más genuino. Todo en ella es dedicación a la causa. La posibilidad de perder la vida en medio de horribles torturas, la prisión, el martirio, todo es aceptada, si puede aportar su pequeño grano de arena. En ella, la clandestinidad, la vida a salto de mata, la supervivencia en el sentido más estricto de la palabra, se convierte en una segunda naturaleza. Es la superviviente por excelencia. Siempre en el centro de los acontecimientos más importantes y memorables de la resistencia, pero jamas participará en la toma de decisiones, pues en los puestos dirigentes sólo hay hombres. Ella personifica mejor que nadie al oscuro camarada, al que la historia sumergirá en el total y absoluto anonimato.
Ha visto desaparecer a tantos rostros. En vísperas de la victoria intenta recordarlos y se interroga si alguien se acordará de ellos, tan queridos, admirados, pero cuyo nombre real ni siquiera llegó a conocer. ¿Tendrán, al final, un monumento en cuyas paredes de mármol figuren en letras doradas sus verdaderos nombres?
Peter Weiss les ha dedicado el mejor monumento posible. Su obra, en la medida de que siga siendo leída, será un homenaje a todos los oscuros camaradas.
De aquella y de otras resistencias.



Conocimiento y el ocaso de la representación
29 de agosto de 2006
Ángel Américo Fernández - angelferepist@cantv.net

Hemos dicho en otra parte que la representación es el nudo gordiano de la epistemología. Distintos enfoques ha tenido el problema de la representación de la realidad a lo largo de la historia de las ciencias. En el neopositivismo intentó resolverse por la vía de construir un mapa lingüístico que permitiera establecer un isomorfismo entre lenguaje y mundo. En la ciencias duras por excelencia, engranadas por la física clásica, la representación estaba asegurada sobre un modelo del orden, el equilibrio y el determinismo que quedaban debidamente redondeados en unas cuantas leyes de la naturaleza. Eran tiempos de la apoteosis de la representación, su edad de oro, la casi coincidencia celestial tan amada entre mapa y territorio, entre teoría y realidad. ¡Que fácil era la representación en los tiempos del objeto, de la sintaxis lógica, del determinismo y de la física del orden!
Sin embargo, la representación ahora ha entrado en una fase sumamente complicada ante la irrupción de la ciencia nueva y el auge de la complejidad. La ciencia de hoy muestra el caos y la indeterminación en el universo, tanto a nivel microscópico como macroscópico. Ya la representación no es tan simple, pues no debe lidiar con la serenidad del determinismo, ni tan sólo con la preocupación por un lenguaje universal, sino con un mundo contradictorio, habitado por paradojas, regido por indecidibles, donde el desorden y el no equilibrio son la regla.
Desde esta perspectiva, un concepto posmoderno de representación pudiera ser o un atrevimiento insostenible o un instrumento heurístico suficientemente dúctil y versátil para dar cuenta del caos, la indeterminación, los enigmas inherentes a la complejidad y a los procesos de disipación. En ese caso no podría representar absolutamente nada que no fuera una historia o una narración marcada por accidentes, en los que se de cuenta de la participación de un sujeto y sus tareas de interrogación, mirando desde la perplejidad a la naturaleza. Por ello, pensar hoy la representación es harto difícil, por cuanto la naturaleza semiótica de la representación, su propia constitución epistemológica, su genealogía y raigambre en los paradigmas que le dieron origen, su vocación especular, lucen hoy seriamente agotadas, desgastadas, para poder servir al propósito de traducir un mundo hecho de enigmas. El mundo descubierto por la ciencia nueva es ajeno a la idea de mapas y de conceptos congelados, en cambio la representación misma implica tendencia a la congelación y a la estatificación de los conceptos.
El problema de la representación es que responde a la concepción de una ciencia de lo simple, donde todo estaba asegurado en la causalidad, el determinismo y la universalidad de unas cuantas leyes en el reino del orden perfecto y del equilibrio. En cambio, con René Thom, Heisenberg y Bohr logramos acceder al descubrimiento de incertidumbre, indeterminación y caos (ya Einstein desconfiaba que la representación de estas cosas pudiera satisfacer a un científico). Los enigmas indecidibles inherentes a la complejidad se hacen patentes en la obra de los cuánticos, recuperada además por E. Morin, en tanto un tiempo irreversible de múltiples bifurcaciones se ingresan al análisis desde la teorización de Prigogine.
El modelo de representación clásica luce agotado, ha explotado ante el movimiento de conceptos nómadas, conceptos viajeros y vagabundos que se metamorfosean en cada salida, en cada regreso. Ya no hay más relación directa entre la mente y lo real, distinción sujeto-objeto, pretensión totalizante mecanicista-determinista. Lo indecidible, las fluctuaciones, lo borroso, lo impredecible, reclaman su lugar complejo. Luego, la representación sólo puede sostenerse como simulación o simulacro, en la plena acepción que da Baudrillard a este término al entenderlo en cuanto “liquidación de todos los referentes…suplantación de lo real por los signos de lo real… Hiperreal en adelante al abrigo de lo imaginario, y de toda distinción entre lo real y lo imaginario… recurrencia orbital de modelos… la simulación vuelve a cuestionar la diferencia de lo verdadero y de lo falso, de lo real y de lo imaginario…la metafísica entera desaparece. No más espejo del ser y de las apariencias, de lo real y de su concepto”[1].
Los límites de la representación pueden apreciarse desde la imagen inherente al proceso de autodesarrollo del espíritu absoluto hegeliano que traza magistralmente Karel Kosik en su hermoso libro Dialéctica de lo concreto, cuando compara el despliegue del espíritu con un largo viaje u odisea, en el que debe peregrinar por el mundo para conocerlo y para conocerse a sí mismo. “Pero el sujeto que después de haber peregrinado por el mundo vuelve a sí mismo, es distinto del sujeto que emprendió la peregrinación. El mundo que ha recorrido el sujeto es otro, es un mundo transformado, ya que la simple peregrinación del sujeto por el mundo, lo ha modificado al dejar en él sus huellas. Pero, a su vez, a la vuelta de su peregrinación, el mundo se manifiesta al sujeto en forma distinta que al comienzo de ella, ya que la experiencia adquirida ha modificado su visión del mundo”[2].
Estas consideraciones sobre Hegel interpretadas por Kosik se hacen a propósito de introducir la problemática del sujeto en el proceso de conocimiento y las implicaciones que ello tiene en los modos de mirar y en el acto de la representación, porque esa dialéctica entre sujeto y mundo penetra crucialmente el tema de los límites, en tanto el sujeto epistémico, elevado a la categoría de observador envolvente, por su condición humana no puede sin embargo rebasar el umbral del fenómeno para aferrar la esencia. Se trata, en el aserto de Ibáñez: “de un-mismo que se observa a sí-mismo”, lo cual genera serias consecuencias epistemológicas. “para conocerlo el universo se debe desdoblar en dos partes, una que mira y otra que es mirada, y lo que ve la parte que mira es sólo parte de lo que es…cada universo particular es sólo el resultado de haber dado una vuelta, está en expansión, y aunque lograra conocerlo del todo, que no lo lograré, cuando lo hubiera conocido habría cambiado tanto que ya no se parecería nada al universo que había conocido”[3].
Por si fuera poco, los procesos físicos de la naturaleza en la ciencia del siglo xx, están sometidos intrínsecamente a los principios de incompletud e incertidumbre, lo que conlleva a severas grietas en el criterio de verdad. “En las dos dimensiones de la función veritativa, la empírica o adecuación a la realidad y la teórica o coherencia del discurso, la prueba de la verdad es imposible: es imposible la prueba empírica (incertidumbre, Heisenberg) y es imposible la prueba teórica (incompletud, Godel). La verdad es local y transitoria…la verdad es simulada por la verosimilitud”[4]. Entonces, evaporado el núcleo duro de corte lógico-racional y fisicalista de la verdad, emerge la adúltera y hasta promiscua verosimilitud que se deja habitar, dependiendo del contexto discursivo, por elementos metafóricos, poéticos, ideológicos, metonímicos, lo cual permite ubicar al discurso científico como un lenguaje que no ofrece ninguna condición de inconmensurabilidad con el lenguaje literario, filosófico, ideológico etc. La pretendida línea de demarcación se desvanece, la vieja concepción dura de la verdad abre paso a situaciones de enunciación en las que es posible mezclar en un mismo discurso diversas funciones del lenguaje: niveles prescriptivos, constatativos, estéticos.
Es infructuoso el empeño de pensar en la univocidad total de la ciencia, encapsulada dentro de sí misma, pues para ello tendría que suprimir su medio de objetivación, el discurso mismo. Este problema crucial lo planteó Jacques Derrida en los términos siguientes: “la teoría, es pues, el nombre de lo que no puede ni eximirse de la objetivación en el médium ni tolerar sufrir en él la menor deformación… pertenece a la esencia de la ciencia exigir la univocidad sin sombra, la transparencia absoluta del discurso. La ciencia tendría necesidad de que aquello de lo que tiene necesidad (el discurso en tanto que puro querer-decir) no sirva para nada: sólo para guardar y mirar el sentido que ella le confía. En ninguna parte puede ser el discurso más productivo y más improductivo que como elemento de la teoría”[5].
No existe una suerte de algoritmo universal que establezca una línea de demarcación entre la ciencia y los demás saberes filosóficos, literarios o estéticos. Esos intentos soberbios de construir tal frontera se difuminan cada vez que es refutada una teoría y ésta pasa a ocupar un pié de página como una visión equivocada o un desvío de la hermosa y triunfal avenida de la racionalidad. Y es que en el fondo ciencia, filosofía y literatura, lo que tienen en común-como apunta Derrida- es la lengua y específicamente La Escritura.
Es desde esa perspectiva que puede tener lugar el siguiente diálogo:
Y entonces la diosa ciencia que aspira para sí el monopolio del sentido, interpela a los demás saberes desde su pedestal: ¡OH filosofía ¡¿Qué pretensión de verdad puedes tener? Si lo que tienes es un modo bastardeado de comprender la realidad, con tu desfile de conceptos generales, vacíos, donde lo real se evapora. O tú, literatura, que eres tan débil frente a lo real, pues tu discurso está habitado por metáforas y metonimias y vuelves espuma a lo real con tus simulacros, con tus fintas de seducción, pero eres incapaz de acceder a la médula de lo objetivo.
¿Y tú? ¡Arte! Que diluyes lo real al transgredirlo mediante ficciones, haciendo uso abusivo de la imaginación, confundiendo las magnitudes de la realidad con los extravíos de la mente… penetrando los saberes y el discurso con tentaciones irracionales.
Pero entonces la filosofía responde:
Cómo se levantaría la escalera del saber si no existieran conceptos generales, así empezó todo el camino del conocimiento, con grandes interrogantes, gigantescas reflexiones sobre lo general de donde emergieron los conceptos fundadores. Además ¿de que serviría lo singular si no pudiera confrontarse dialécticamente con lo general? Te olvidas que yo fatigaba los horizontes cognitivos, cuando tú ni siquiera habías comenzado a andar, que me ocupaba del amplio dominio del saber, al que sólo mucho tiempo después, tú te encargaste de ponerle vallas, divisiones y empalizadas.
Por ello te viste en la necesidad de crear los criterios de certeza, verificación y prueba, preludio para eliminar la subjetividad, pero estas reglas que pretenden legitimar el saber científico, no se legitiman ellas mismas, sino a partir de un discurso sobre ellas. Luego, tanto empeño en homologarme con un discurso, para culminar, tú ciencia, con unas reglas que no pueden escapar al cerco de ser el epifenómeno de unas huellas discursivas.
Y el arte responde: denigras de la imaginación ¿acaso tus saberes son sólo resultado de reglas, estándares, pruebas y refutaciones? Olvidas que monumentales teorías científicas han sido producto del poder de la imaginación de grandes hombres, de intuiciones geniales, del atrevimiento de ir y pensar contra las reglas. Tanto empeño en tasarlo todo, cuantificarlo todo para ser fiel al espíritu positivo, pero ¿que son los números sino seres imaginarios?
Y la literatura habla: criticas mi discurso por ser la morada de metáforas y trastocar lo real con exquisitos juegos de seducción. Pero qué sería de una teoría científica si no es en principio atractiva y seductora. Estaría condenada al fracaso, las comunidades científicas de que habla Khun, no se fijarían en ella; luego, no sería discutida, no entraría al campo argumentativo de los expertos. Además, ¿qué tiene de malo la metáfora? Hay nudos de la realidad tan contradictorios, paradójicos y complejos que seguramente pueden describirse mejor con la ayuda iluminante de metáforas. La metáfora sirve para ilustrar, para abrir el pensamiento y sacarlo de la rutina, es una tormenta estética en el discurso. Acaso, no dice Bachelard que el conocimiento avanza cuando se elimina una mala metáfora para ser sustituida por una buena metáfora. Las metáforas-según este pensador- seducen a la razón, a lo que agregaría Davidson: “no son meramente ornamentales”.
Allí se cierra el diálogo, después de una pataleta de la ciencia, diciendo que ella generaba paquetes tecnológicos que no se producían con filosofía y literatura. Pero la lectura que queremos hacer desprender de este diálogo es que, en verdad, no hay un modo de saber, si el discurso científico posee algo así, como un estatuto de superioridad sobre el discurso estético, literario o filosófico. Para ello tendríamos que tener un dispositivo de medición universal independiente, es decir, no humano. Pero además, queremos significar el fín de una mala metáfora, que damos por clausurada, que ha muerto definitivamente, la metáfora del espejo. En efecto, la epistemología moderna montada sobre la tradición cartesiana-kantiana quedó atrapada en la metáfora de la representación que tiene su lugar de anclaje en la idea de la mente como espejo que puede captar representaciones diversas. A partir de allí se gesta la tesis del conocimiento como copia o representación exacta que ha cabalgado con patente de corzo tanto en la filosofía como en las ciencias.
Los nuevos desarrollos de las ciencias que hemos apuntado, nos hacen afirmar que el esquema paradigmático representacional no se sostiene, se encuentra agotado, sobre todo ante la debacle de la noción de “fundamentos” reportada por una lista de pensadores, desde Nietzsche y Wittgensteing pasando por Gadamer y Rorty. En este sentido, la ansiedad epistemológica de verdad, objetividad, fundamento y conmensuración se desvanecen en el aire ante la irrupción de la incertidumbre y ante el auge de un nuevo clima cognitivo que demanda nuevos marcos de referencia, nuevas premisas para encarar la filosofía y la práctica científica, lejos de protocolos y regímenes caducos y lejos de viejos nichos y seguridades.
Cuando el caos hace estallar la representación en mil fragmentos, cuando el espejo se rompe en mil pedazos haciendo a la representación imposible en su sentido clásico, quedamos aferrados a la sola palabra, aherrojados ahí, conscientes de nuestra finitud, débiles sujetos del conocimiento, reconociendo lo modesto de nuestros equipajes epistémicos, pero desplegando la palabra viva, libérrima, aceptando el desafío del movimiento incesante del mundo tomados de la aeronave nada desdeñable del pensamiento mismo, pensamiento que se niega al congelamiento, a la mineralización, pues su signo y su sino es seguir pensando.
Todos los signos epocales y la irrupción de la complejidad indican que hemos llegado al fin del modelo general y clásico de la representación y al comienzo de las narrativas e historias de los accidentes, de los pliegues, de las fisuras, de los eventos y de las bifurcaciones, de los tiempos plurales en el despliegue de un sujeto que transita el quebradizo y nada seguro territorio del mundo sin los ya desgastados y maltrechos mapas de la universalidad. En esos relatos reaparecen conceptos que se daban por cerrados: génesis, estructura, tiempo, historia. Otros conceptos como el de Borrosidad, señalan el fin de la exactitud clásica, no hay límites definidos entre los elementos, todo es cuestión de grado o aproximación; en tanto la impredictibilidad se impone, los puntos de control y de información de un sistema están difusos. Ellos marcan la interacción entre los procedimientos de la ciencia y la mirada del discurso. Asistimos al fin del espejo y a la necesidad del caleidoscopio que implica diversidad de planos, conceptos nómadas, flexibles, marcación de caminos parciales, pero también de incógnitas y sin tener a mano instrumentos precisos para examinar problemas particulares.
En esta perspectiva, cobra pertinencia la propuesta de Maffesoli, cuando habla de que para comprender el mundo en gestación, se hace necesario apelar a una visión inédita en la larga avenida del conocimiento que quedaría condensada en un paradigma de lo paradojal. Un paradigma de este talante y naturaleza haría añicos las viejas escisiones o separaciones a que nos ha acostumbrado los modos de pensar en la cultura occidental. En un perfil trazado rápidamente, tendría que ser un paradigma abierto, capaz de barrenar los límites del racionalismo, emplazado contra todo fundamentalismo, abrazado en la complejidad (Morín), pero además capaz de albergar como condición estructural y natural las contradicciones y paradojas, (inescindibles del pensamiento complejo), lo lógico y lo paralógico, la razón analítica y la razón sensible, lo real y lo virtual, lo fáctico y lo contrafáctico, la ciencia y la imaginación.
El signo de estos tiempos posmodernos, luego del desconcierto inicial descrito con la imagen del derrumbe, es para la reconstrucción y re-creación epistemológica y en ese horizonte se guarda un lugar exquisito para la pluralidad, la paralogía y la diversidad de perspectivas y juegos lingüísticos, en las antípodas de una verdad monolíticamente establecida.
Notas
[1] J. Baudrillard, Cultura y simulacro, Edit. Kairós, Barcelona,1993, pp.10-12
[2] K. Kosik, Dialéctica de lo concreto, Edit.Grijalbo, México,1979, p. 200
[3] J. Ibáñez, Del algoritmo al sujeto, Edit. Siglo xxi, España ,1985, p.260
[4] Ibidem, p.188
[5] J. Derrida, Márgenes de la filosofía, Edit.Cátedra, Madrid,1989, pp.205-206