martes, 8 de noviembre de 2011

"ICY o SECAY esa es la cuestión"


El Tábano de Io
Año Tres /N° 19/ Noviembre-Diciembre 2011
Una forma diferente de ver y hacer Teatro

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Alternativa Social Independiente
Resistencia artística contra la hipocresía y el olvido

El Nuevo Teatrito
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EDITORIAL


To be or not to be: that is the question.

Hamlet de W. Shakespeare 
 
 

UN CAMINO LLENO DE ZOPILOTES


DEL ICY A LA SECAY UN CAMINO LLENO DE ZOPILOTES
Mientras que actores y autores estén en manos de empresas absolutamente comerciales, libres y sin control literario ni estatal de ninguna especie, empresas ayunas de todo criterio y sin garantía de ninguna clase, actores, autores y el teatro entero se hundirá cada día más, sin salvación posible.” Federico García Lorca
Miguel A. R. Antón- No sin cierto asombro, leemos en el periódico PorEsto!, (hace unas semanas) la exposición de diferentes posiciones alrededor del paso del ICY a Secretaría de la Cultura y las Artes de Yucatán (SECAY). Lo que nos queda de asombro se basa posiblemente en lo poco que nos queda de esperanza en un país que no le acierta al debate de esencialidades y es ahogado por corruptelas del más variado tipo.
Rúbricas como “Nueva era en la promoción de espectáculos de alto nivel” o “Maestro del toreo”, para referirse a lo que debieran ser las futuras tareas de la nueva secretaría, preanuncían que ni la cultura, ni las artes estarán en el centro del necesario debate. Por el contrario, en estos artículos sólo se muestran los intereses de aquellos que hacen negocio de la cultura y de las artes.
Presentados como “fuentes empresariales y culturales”, parecen compartir la misma visión mercantilista, aunque nos informan, de cerca, de la corrupción existente en el Patronato Cultur al señalar que su director, Esma Bazán, “usa el dinero del erario para su provecho personal”. ¡Esta no es justamente la parte que nos asombra! ¿Qué puede uno finalmente esperar de “fuentes empresariales” en el campo de la cultura y las artes sino espectáculos1 y beneficio personal? Pero, que las anónimas “fuentes culturales” afirmen que el trabajo de Esma no es malo habla claramente de los pobres criterios “culturales” con que están impregnados.
Las mismas suspicaces “fuentes”, que parecen envidiar el negocio de Esma, antes que evaluarlo desde la perspectiva de la cultura y las artes, se ufanan de que, ahora sí, al subordinar al Patronato Cultur a la nueva Secretaría podrán abrir una nueva era en la promoción de los espectáculos artísticos de alto nivel. ¡De esos que Esma no hace tan mal! ¡Los mercachifles de la “cultura” han comenzado sus riñas de zopilotes para hacer dinero con el dinero de una Secretaría que todavía no entró en funciones!
Podemos legítimamente preguntarnos, tal cual aparece el debate, ¿y en qué consistirán las actividades culturales y artísticas promocionadas desde la nueva Secretaría? ¿Cuáles serán los criterios de promoción del arte y la cultura y en qué consistirán? ¿Cuál será el rumbo/s que tomará la política cultural? En tanto dinero público al cual todos los sectores sociales tienen derecho, habrá que poseer criterios nítidos que verdaderamente promocionen la cultura y las artes en lugar de estas rencillas de incultos hombres de negocio. Nada dicen los artículos, acerca de esos criterios que la nueva Secretaría debiera exponer.
Lo que aparece son rencillas personales entre unos y otros, por dinero, por especulación política, actuales o pasadas, aprovechando la falta de definiciones o vaguedad de las definiciones y circunstanciales cambios institucionales, para hacer funcionar sus empresitas con dinero estatal.
Hasta ahora sólo han hablado vendedores de ideas de negocios que usufructúan conexiones y relaciones de gente semejante y lucran según sus propias definiciones con “grandes eventos artísticos o culturales”. Nos viene a la memoria las palabras del gran León Tolstoi:
Este auxilio lo obtienen de distintos modos, ya en forma de dinero dado por los ricos, ya en forma de subvenciones otorgadas por el Estado; en este caso, el dinero que reciben proviene del pueblo, que, en su mayoría, tiene que privarse de lo necesario para pagar la contribución y no goza jamás de lo que llaman esplendores del arte.”
Otra voz, de las enigmáticas fuentes, acierta diciendo que “al arte no lo puedes encerrar… y trayendo espectáculos no se logra difundir el arte, no se promueve la cultura creando empresas fantasmas con fines netamente de aprovechamiento empresarial”, sin que aparezca un atisbo de qué es lo que se hará desde la nueva secretaría.
De nuevo nuestro pensamiento recoge las reflexiones de León Tolstoi:
Es necesario, pues, en una sociedad civilizada en que se cultiva el arte, preguntarse si todo lo que pretende ser un arte lo es verdaderamente, y si (como se presupone en nuestra sociedad) todo lo que es arte resulta bueno por serlo y digno de los sacrificios que entraña. El problema es tan interesante para los artistas como para el público, pues se trata de saber si lo que aquellos hacen tiene la importancia que se cree, o si simplemente los prejuicios del medio en que viven, les hacen creer que su labor es meritoria.”
Lejos de entrar en este tipo de reflexiones “las fuentes” describen una serie de corruptelas que debieran ser motivo de denuncia y acción legal. ¡Claro si fuésemos otro país en el cual la corrupción no estuviera extendida a todos sus rincones! “Eso lo saben todos los empresarios” nos adelantan las fuentes empresariales (a los que les molesta no poder competir con el Patronato Cultur), que no denuncian porque ellos luchan para hacer exactamente lo mismo. ¡Revelador de la cultura local! ¿Es ésta la “cultura” que administrará la nueva Secretaría? ¿La cultura empresarial que se apropia de lo que no les pertenece? ¿Aquella que ofrece espectáculos en vez de promover las creatividades humanas a través de sentimientos y reflexiones profundas? ¿Que antepone la industria cultural a las otras manifestaciones del espíritu creativo?
Recurramos ahora a filósofos alemanes como Max Horkhaimer y Teodoro W. Adorno, para nutrirnos de ideas que aparentemente no ganan las páginas de nuestros diarios locales. Ellos se refieren en su libro “Dialéctica de la razón” a la industria cultural y, considerando que la industria cultural trivializa la creación humana, la empobrece y deteriora, al pretender comercializar las “manifestaciones más nobles del espíritu” o al transmitir o reproducir por medios industriales las obras artísticas, lo entienden como un factor negativo.
Definido así, nuestros empresarios locales deberían acudir a la Secretaría de Industria y Comercio para pedir asistencia para sus proyectos, pero hacer cola ante la Secretaría de la Cultura y las Artes sólo puede ir en detrimento, justamente, de un mayor enturbiamiento de los conceptos de cultura y arte.
No es que no reconozcamos capacidades creativas a estos empresarios. A juzgar por la descripción que de ellos hacen los artículos mencionados, éstos son muy creativos: crean empresas fantasmas, sobre-facturan y corrompen a funcionarios públicos. Tampoco negamos que dichas actitudes se hayan extendido como un hábito “cultural” que impregna el mundo empresarial y político. Pero no lo compartimos, ni queremos compartirlo y creemos que es tremendamente injusto que los escasos recursos destinados a la cultura y las artes sean dilapidados en otra cosa que la promoción y facilitación de la creatividad y el talento.
¿Presupuesto para la cultura o para la industria cultural? ¿Presupuesto para traer y llevar artistas “consagrados” en otros lugares o para incubar las condiciones que permitan emerger la creatividad, el talento y la reflexión en nuestro medio? ¿Presupuesto para pisotear las ruinas del pasado o para rescatarlo desde una reflexión crítica y creativa? ¿Presupuesto para poner a Yucatán en el “primer mundo” o para evitar semejante estado de desarrollo destructivo e imperial? Los espejitos no pueden venderse al revés, ninguno de los jactanciosos actos reclamados y celebrados pueden ocultar la injusta realidad social de Yucatán ni cambiarla.
Una no-política cultural sería la política cultural que se corresponde con el modelo minoritariamente hegemónico: el mayor lucro posible, en el menor plazo de tiempo posible y, por supuesto, sin velar por sus impactos y otros efectos colaterales. Esta es la “ley” que quieren imponer también para la cultura. El primer mundo importa, e importa materias primas, emigrantes y toda clase de recursos (naturales, energéticos, culturales, patrimoniales). Y exporta, evidentemente, productos manufacturados, créditos, turistas y todo tipo de productos culturales, aptos para el consumo de todos los públicos, de todo el planeta. Un modelo “ganador”, coherente con el modelo de desarrollo que está acabando con los recursos naturales, económicos, sociales y, evidentemente, culturales de la Tierra. Un modelo que conduce al planeta, y a su cultura, a la una homogénea desertización.
Menos anónimo, el segundo artículo presenta a una empresaria local (Mónica Tapia Alonso) convencida de que el cambio de ICY a SECAY conllevará una transformación que abrirá el campo a una mayor cantidad de empresas y , es de esperarse “que ahora sí podamos posicionarnos en un buen lugar en la península en cuanto a la promoción de espectáculos.” También traficante de cultura, se queja de no haber podido traer a los niños cantores de Viena. Como vemos las fuentes empresariales anónimas y no anónimas no destacan justamente por talento, dan vueltas como zopilotes en el lugar que no les corresponde porque sus pretensiones son hacer negocios. ¿No hay acaso otra secretaría para los negocios?
La empresaria (Tapia Alonso) se queja de que en la actualidad resulta difícil organizar espectáculos públicos (le llama “eventos culturales”) en Mérida, entre otras cosas por la falta de espacios adecuados. “Adecuados” significa grandes en su léxico. Por eso, luego se queja de que acondicionar el Estadio de Fútbol Carlos Iturralde, presupone gastar 200 mil ó 300 mil pesos. ¿Qué clase de negocios hace esta empresaria que no tiene ni espacio ni quiere “gastar” (invertir?) dinero?
Con estos criterios las personas se convierten en cifras, y sus prácticas culturales se reducen únicamente a lo que pueden medir las estadísticas oficiales, el "consumo" cultural. La cultura concebida únicamente desde las cifras no es más que un tubo, un pasillo de metro, donde el mejor equipamiento o proyecto es aquel que consigue hacer pasar más personas por un lugar, en el menor lapso de tiempo posible. Evidentemente, no interesa otra cosa que saber cuántas personas.
Consecuentemente, la esperanza de la empresaria parece residir en el cambio del ICY a Secretaría de tal manera que le “brinde la oportunidad de rentar los pocos espacios para espectáculos que hay disponibles”. Suponemos que a precios ultra bajos a juzgar por lo que no está dispuesta a pagar. O sea, quiere hacer su negocio basándose en lo que el dinero público construye y … ¿por qué no lo construye ella misma? ¿No es acaso su negocio?
Por el contrario, consciente de que el ICY ha manejado siempre escasos recursos anhela que al convertirse en Secretaría “ese panorama debe cambiar para bien”. ¡Para mí bien, debió decir! ¡Para el bien de mi negocio!
¡Que las autoridades inviertan en contar con mejores espacios para presentar espectáculos!, reafirma la empresaria: ¡Para el bien de mi negocio, le faltó agregar! ¡El de traficar con la cultura! Es evidente que, conceptualmente, el modelo de desarrollo imperante es bastante limitado y repetitivo. ¿Se le ocurrirá alguna vez traer al creador de Wikileaks entendido como un fenómeno cultural extendido contra la hipocresía de decir una cosa y hacer otra?
Si no son necesarias las políticas culturales públicas, es una frivolidad planificar la cultura, especialmente a largo plazo. Si lo que medimos son sólo las audiencias y los rankings (de ventas, de visitantes, de butacas ocupadas, de localidades vendidas, de kilómetros de cola...) no hace falta que nos preocupemos por la excelencia. Esto vale para la música, pero también para los museos, teatros, festivales...
Sin embargo, de a poco, paulatinamente, una nueva realidad se abre paso. Hoy existe la posibilidad potencial de que todo el mundo pueda ser, al mismo tiempo, creador y receptor de cultura. La visión jerárquica ha comenzado a resquebrajarse y, por todas partes, se multiplican espacios y mediaciones. Las prácticas culturales se han diversificado y, en correspondencia, también se han multiplicado las posiciones activas, pasivas, de emisión, de recepción, etc., que una misma persona o colectivo pueden adoptar. La idea de “consumo cultural” sirve para designar, únicamente, una tipología de prácticas culturales. Y, mientras las audiencias van por un lado, las personas, agrupadas formalmente o informalmente, a título individual o de forma comunitaria, van por otro. Este lado, no iluminado de ninguna forma por las estadísticas culturales es, a nuestro juicio, la franja más fértil del desarrollo cultural.
La cultura, al igual que la naturaleza, es complejidad. Y la riqueza cultural, al igual que la natural, se basa en la complejidad y en la diversidad. En la cultura también se cumple otra ley de la naturaleza, la de la evolución. Por este motivo, velar por el desarrollo cultural implica también, ayudar a nacer y evitar que se mueran todas aquellas iniciativas, procesos y obras que, por efecto de la implacable ley de la adaptación al medio y de supervivencia de los más “poderosos”, estarían condenadas a la desaparición.
Hay otra ley que no falla, que es la de la continuidad en la cadena trófica: Sin peces pequeños no hay peces grandes. Y el océano es lo suficientemente grande para todos. Así pues, cuanto más amplia sea la base de prácticas culturales, de apoyo a la creación, de formación artística, más fuertes serán los espacios intermedios, equipamientos, producción, difusión y más excelente será en consecuencia lo que aparezca en la superficie.
Por ello, aquellos que como Patronato Cultur, (según la empresaria) “venden” la idea (a gobiernos que la compran) de que pueden controlar a la comunidad cultural con mano dura, revelan no sólo la falta de talento propio, sino el carácter efímero de sus despotismos que nada tienen que ver con el arte y la cultura. Y pueden contar con algunos productores de pseudo-cultura, de algunos que produzcan algo que ellos puedan vender, porque los déspotas como decía Tolstoi
sabían que estaban acostumbrados a una vida regalona y dispuestos a sufrir cualquier ultraje, antes que renunciar a su lujo; de modo que no vacilaban en dar rienda suelta a su grosería nativa…”




1 Espectáculo (sinónimos): fiestas, diversiones, distracciones, entretenimientos, juegos, deportes, pasatiempos

EL TEATRITO EN ARRE 2011

Selección oficial 
Festival Internacional de Teatro ARRE 2011
Tucumán, Argentina.
Del 20 al 27 de noviembre  




lunes, 21 de febrero de 2011

No tan muerto el viejo Marx


El Tábano de Io
Año dos /N° 18/ Febrero-Marzo 2011

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Una forma diferente de hacer y ver Teatro

Alternativa Social Independiente

Resistencia artística contra la hipocresía y el olvido

 

 

 
 
 

EDITORIAL


NO TAN MUERTO EL VIEJO MARX

Lo que el capitalismo ofrece por doquier. En Argelia, en Egipto, en Argentina, en Francia, en España, en Senegal, en Ucrania, en Japón. Las semejanzas no son casuales y su vigencia en distintas geografías y culturas habla de un modo de organizar a la sociedad que oprime gente y destruye naturaleza. Un sistema social que no se limita a la explotación de otros hombres: abarca todo el arco iris de la naturaleza. Un modo de producir y de consumir que hay que dejar atrás y superar para no dejarnos llevar a nuevos holocaustos, cada vez más globales.
El fantasma que recorre el norte africano hoy es el mismo de siempre: las ansias de un nuevo sistema social que desarrolle humanos bajo la impronta de libertad, justicia y solidaridad. Todos los artilugios verbales para desaparecer a las clases y maniatar a los oprimidos revelan su cortedad. Estamos en los umbrales de una nueva época en la cual los olvidados de siempre se rebelan y elaboran nuevas síntesis de esperanza.
Los diferentes artículos que presentamos en este número pretenden despertar comparaciones, buscar correlaciones, identificar problemas y sus causas al mismo tiempo que destacar las fuerzas relativas que miles de víctimas ponen en acción resistiendo y buscando salidas a este sistema social empantanado. Las ilusiones del capitalismo benefactor de posguerra se revelaron como un tregua para lamer las heridas de dos guerras mundiales con profundos contenidos de clase. Duró lo poco que duró y sólo en aquellas partes del mundo hacia el cual fluían en masa recursos naturales del mundo entero que garantizaban la tregua.
Hoy con un planeta irresponsablemente degradado, capitalistamente redondo pero socialmente desigual, multitudes de oprimidos se coaligan en calles y fábricas para reclamar por este desatino. El futuro de esta lucha es incierto, pero sin lucha será demoledor.
Los artículos presentados refieren a países de características y culturas diferentes, sin embargo por debajo de estas diferencias parecen estar gestándose las fuerzas tanto intelectuales como organizativas de una nueva época.
La obsesión por la seguridad en Francia habla de las extendidas inseguridades que el capital requiere para su funcionamiento. La imposibilidad de ocupar a la población en actividades socialmente necesarias y desarrolladoras de crecimiento humano no es un problema exclusivo de Argelia, allí está también Japón y el drama de los jóvenes. Lo que hoy sucede en Egipto se fue incubando en un largo proceso que ya en 2008 se manifestaba abiertamente y cuyo fondo antes que político fue social. 
 
En Argentina fábricas ocupadas y experiencias de gestión pueden abrir debates interesantes hacia el futuro acerca de las formas de organizar sociedad y producción cuando las ataduras a la lógica de mercado desaparezcan. En Ucrania los nacionalistas pretenden lavarse la cara y mientras reivindican la colaboración con el nazismo durante la guerra las fábricas cierran y dejan a los trabajadores librados a su inventiva. En España, al igual que en Ucrania la extrema derecha no se deja juzgar por sus crímenes durante el franquismo y arremete contra sus jueces. Estos epifenómenos expresan que las tensiones sociales se convierten en campos de fuerzas que podrán devenir en cambios rupturistas si, al mismo tiempo, la reflexión crítica y las ideas alternativas se profundizan.
Justamente en esa dirección Michael Löwy, Tadeu Breda y Jorge Rechmann, aportan desde ángulos y geografías diferentes elementos teóricos y de diagnóstico en un intento de pertrecharnos con nuevas síntesis y conceptos que mejor describan la actual situación del mundo y del movimiento social. Es nuestra intención que estos artículos nos ayuden a profundizar un debate esclarecedor y oriente nuestras acciones presentes y futuras con la finalidad de deshacernos para siempre de la perversa dinámica del mercado capitalista.
Una vez leídos todos los artículos pocas dudas quedan acerca de la vigencia de la lucha entre clases y nostálgicamente recordaremos otras épocas en las cuales las organizaciones en lucha se coaligaban para acciones conjuntas en el plano internacional. Sin embargo, los balances obligados de experiencias anteriores también obligan a nuevas síntesis y revaloración de ideas que articulen movimientos con distintas raíces. Esas nuevas ideas deberán ayudarnos a deshacernos de toda la parafernalia con la cual el capitalismo se ha justificado a sí mismo hasta el día de hoy. Los manifiestos problemas ambientales son expresión del carácter explotador y destructivo del modo capitalista de producción y consumo que lo mismo degrada hombres, mujeres, niños, jóvenes, ancianos o ecosistemas. 
 
Dos siglos y medio de subordinación al sistema del trabajo asalariado han estructurado la mentalidad de toda una época, han impuesto comportamientos sociales, han impregnado la visión del mundo y de las cosas, y modelado las expresiones culturales de la sociedad y de las personas. Ello a pesar de múltiples resistencias a lo largo de todo su andar histórico. El debate informado, es para nosotros el único medio para revalorizar conceptos e ideas, renovarlas y proyectarlas en nuevas acciones libertarias. Nuestra modesta aportación es presentar esta selección de artículos la responsabilidad del debate es de todos. 




Arrebatos de "libertad"


URGENCIAS SOCIALES, OBSESIÓN SECURITARIA
Arrebato represivo en Francia

“Restringir las libertades no nos ha conducido por caminos más seguros”, afirmaba en mayo pasado Nicholas Clegg, el vice-primer ministro liberal-demócrata británico. Se trate de los romaníes o de los suburbios, los dirigentes franceses están persuadidos de lo contrario, aunque la opción represiva contiene los gérmenes de su propio fracaso. 

Por: Laurent Bonelli de la redacción de Le Monde diplomatique, París.
Traducción: Florencia Giménez Zapiola 

Déjà vu. Es la triste sensación que deja la secuencia iniciada en julio pasado en Grenoble y Saint-Aignan (departamentos franceses de Isère y de Loira y Cher, respectivamente). Unos jóvenes murieron al intentar escapar de las fuerzas del orden y de la violencia generalizada que estalló en el lugar donde vivían. El gobierno anunció su firmeza en la lucha contra la delincuencia y la puesta en marcha de un nuevo plan de acción. Los sondeos confirmaron la pertinencia del plan pero algunos representantes de la oposición, intelectuales y asociaciones de defensa de las libertades fundamentales protestaron contra la exageración de las medidas proyectadas.
Los lugares y los actores han cambiado pero desde hace aproximadamente treinta años la trama sigue siendo asombrosamente parecida. ¿No se hizo nada entonces? El ministro del Interior, Brice Hortefeux, explica: “La lucha por la seguridad derriba todos los clivajes tradicionales. Hay quienes conocen las realidades y actúan (y quienes las niegan para no cambiar nada). Nosotros tenemos el coraje de las palabras, la obstinación de la acción y la obligación de los resultados” (1). Rara vez el voluntarismo se expresa con tanta fuerza como sobre este tema. Veamos si no: entre 2002 y 2010 se votaron no menos de trece leyes específicas; más de cuarenta modificaron el código procesal penal y más de treinta, el código penal. Y hoy el gobierno francés y algunos miembros de la Unión para el Movimiento Popular (UMP) proponen castigar penalmente a los padres de los menores delincuentes reincidentes, despojar de la nacionalidad a algunos criminales, desmantelar trescientos campamentos ilegales de romaníes antes del mes de octubre e incluso sancionar a las municipalidades que “no cumplan con su obligación de velar por la seguridad”. 

¿Por qué esta obsesión securitaria? Algunos esgrimen que el resurgimiento del debate sobre la seguridad probablemente apunta a hacer olvidar los efectos sociales de la crisis económica, las múltiples repercusiones del “affaire Woerth” o el impopular proyecto de reforma de los jubilados. La explicación sigue siendo insuficiente. Desde fines de los años 1990 en Francia –pero también en Gran Bretaña o en Bélgica– la “inseguridad” adquirió el estatus de categoría política con todas las de la ley, con el mismo título que “la economía” o “lo social”, en el seno de las cuales se encontraba inmersa desde hacía mucho tiempo. Incluso se independizó y se impuso como una de las maneras predominantes de hablar de la realidad cotidiana de los ambientes populares. Así Sarkozy explicaba, en un discurso del 18 de marzo de 2009, que “la inseguridad es la primera de las desigualdades, la peor de las injusticias: golpea con toda su fuerza a los más débiles, los más precarios, los que no tienen los medios para instalarse en los barrios lindos”. En boca de un presidente que se distinguió desde su asunción por la implementación de un escudo fiscal que protege a los ricos del tormento de la redistribución por el impuesto, esas palabras resultan significativas.
Pero la idea ahora forma parte del sentido político común, incluso dentro de la izquierda. En el Partido Socialista (PS) la delincuencia, que fue percibida durante mucho tiempo como una consecuencia de las desigualdades sociales, es ahora aprehendida como uno de sus principales fundamentos. “Los ambientes populares no discuten que haya causas profundas para la delincuencia: el habitat precario, las condiciones de vida precarias, la falta de trabajo y la discriminación. (…) Pero saben que la acción sobre estas causas lleva tiempo y que ellos no pueden esperar” (2), explica el ex primer ministro francés Lionel Jospin. 

Desigualdad social y delincuencia
Esta disyunción entre la “inseguridad” y las cuestiones sociales y económicas es crucial para comprender el debate actual. En efecto, desde el momento en que el trabajo sobre los orígenes de la delincuencia se remite a un futuro indefinido, sólo resta hacer de la responsabilidad individual del delincuente (incluso de la de sus padres) el principal eje de intervención pública. Una filosofía liberal como esa, que percibe la sociedad como una yuxtaposición de actores racionales, libres e iguales que actúan en función de un cálculo costo/beneficio, impregna tanto las declaraciones de Eric Ciotti –secretario Nacional de la UMP encargado de la seguridad–, cuando declara que “la mejor de las prevenciones es en principio el temor de la sanción” (3), como las de Julien Dray –diputado socialista de Essonne– quien el 16 de julio de 2002 explicaba en la tribuna de la Asamblea Nacional: “No se elige el lugar de nacimiento, pero se elige su vida, y se elige volverse delincuente”. Ahora bien, aislar al individuo de esta manera impide entender el sistema de relaciones dentro del cual sus actos, incluyendo los descarriados, adquieren sentido.
Hortefeux se comprometió “a hacerle la guerra al tráfico y a las bandas de delincuentes”. Ahora bien, ¿sobre qué reposan la economía ilegal y las agrupaciones de “tribus urbanas”? La primera prospera sobre un fondo de pobreza y de vulnerabilidad social. El bizness cambia de forma según los barrios y la coyuntura; mezcla trabajo en negro, intercambios gratuitos de bienes contra servicios, reventa de droga, robo, recepción de mercaderías. Esta economía informal, utilizada por los miembros de la sociedad “legal” (quienes se procuran allí sustancias ilícitas o productos de consumo) (4), ofrece, por supuesto, recursos a los jóvenes a quienes emplea. Pero también representa una manera de escapar a la desafiliación y a la indignidad características de una precariedad propia de las masas que golpea a las fracciones más excluidas de las clases populares.
Sucede lo mismo con las “bandas” que, aunque con frecuencia son volátiles, constituyen para algunos “jóvenes a perpetuidad” (sin posibilidades de acceder a un empleo estable, a la autonomía respecto de sus padres, y a formar una familia) una alternativa creíble frente al rechazo que soportan en los ámbitos profesionales y escolares, así como una posibilidad de ganar respeto (5).
Esta doble dimensión económica y simbólica explica el fastidio que domina entre los policías cuando se los interroga sobre la posibilidad de terminar con esos fenómenos. A las tradicionales quejas contra los jueces que sueltan a los delincuentes tan pronto como son arrestados, se agregan además expresiones como “pozo sin fondo” o “trabajo de Sísifo”. Sin embargo, a la institución judicial –cuyas sanciones, según muchos magistrados, son más severas y más precoces que en el pasado–, le cuesta disuadir a los individuos que le son confiados de la delincuencia menor.
Militarización de las intervenciones policiales
Los hechos son testarudos y los ensordecedores discursos sobre la responsabilidad individual ya no pueden ocultar la influencia de las formas contemporáneas de organización de los ambientes populares, resultado de treinta años de crisis social y económica.
Sin embargo, no se trata de un simple fracaso de la opción policial y judicial que permitiría un retorno al statu quo ante. Cada movimiento de uno de los actores interviene sobre el comportamiento de los otros e influye sobre sus próximos movimientos. Por más que Sarkozy, proclame en un discurso del 18 de marzo de 2009: “Algunos atribuyen la violencia a la intervención de la policía en las ciudades. Pero, en fin, ¡es el mundo al revés!”, las estrategias policiales empleadas participan del problema que pretenden combatir.
A pesar de estar conminados a actuar contra los desórdenes sociales y la delincuencia juvenil que atraen la atención política, la mayoría de los altos responsables policiales se han puesto de acuerdo: sólo una policía que mantenga una presencia visible y continua sobre el terreno está en condiciones de jugar un papel útil. Una policía capaz de identificar a los alborotadores potenciales y que puede recurrir a toda una gama de acciones (de la amenaza a la represión, pasando por diferentes tipos de amonestaciones y de reprimendas) por ser considerada legítima para hacerlo. Es el espíritu del community policing, tal como se puede observar en Chicago, Gran Bretaña u Holanda, y que fue adaptada en Francia con la reforma de la policía de proximidad (1998-2003) y después, más tímidamente, a partir de 2008, con las unidades territoriales de barrio (UTEQ, por la sigla en francés de Unité Territoriale de Quartier), rebautizadas recientemente como brigadas especializadas de terreno (BST, por la sigla en francés de Brigades Spécialisées de Terrain). 

Pero aquí también se asiste a un retorno de la restricción económica. La organización de la policía no se hace independientemente de la orientación general del gobierno. Y, en un contexto de reducción drástica del crédito público y del número de funcionarios, es difícil promover un modo de acción ávido de personal. Así, la reforma de 1998 fue abandonada sobre todo por una cuestión de medios y las BST, por su parte, corren el riesgo de terminar en lo mismo. Incluso si contara con efectivos constantes –que no es el caso, ya que 8.000 puestos debieron ser suprimidos del presupuesto entre 2009 y 2014– no se ve cómo podrían sustraerse efectivos de las comisarías para afectarlos a las patrullas pedestres. 

El eje se desplazó entonces hacia las unidades de intervención, como las brigadas anticriminalidad (BAC), que tienen un radio de acción más amplio: dos equipos de BAC en auto alcanzan para cubrir las veinte manzanas de una circunscripción de policía, mientras que, teóricamente, hacen falta tres patrullas a pie por manzana. Es decir, en un momento dado, seis hombres contra sesenta… Estas unidades, que son muy eficaces para dispersar una riña o constatar un delito flagrante encuentran, sin embargo, grandes dificultades para regular las pequeñas indisciplinas juveniles. En efecto, a menudo deben efectuar una represión sin delito previo, un control sin infracción; la repetición de estos hechos aumenta la desconfianza de los grupos a los que se dirigen. Desconfianza que se manifiesta especialmente a través del aumento de los desmanes, incluso de rebeliones, que se han prácticamente duplicado en diez años (6). A las aglomeraciones sistemáticas en el momento de los controles (para “meter presión”), incluso al hecho de “apedrear” autos patrulleros, responden con inútiles y repetidas verificaciones de identidad, intimidaciones, humillaciones, incluso golpes.
Ante la falta de efectivos policiales, la dureza de estas relaciones no parece poder encontrar salida más que en la apuesta tecnológica. Ese es el objeto de la dotación de esas unidades con flash-balls, luego con tasers (7), cuyo empleo radicaliza todavía más las tensiones. Se ingresa aquí en una dinámica de escalada, en la cual la “militarización” de la intervención policial eleva el umbral de violencia, como quedó de manifiesto en 2007 con las revueltas de Villiers-le-Bel o, en menor medida, las de Grenoble.
Cuando la violencia genera violencia
En esas condiciones, los discursos securitarios llevan el germen de su propio fracaso, puesto que pretenden hacer desaparecer comportamientos sobre los cuales sólo tienen una influencia secundaria. La única salida es la apuesta verbal y legislativa, pero ésta se expone a la crítica de una oposición que puede comparar sin ninguna dificultad lo proclamado con los resultados. Es así que algunos dirigentes del PS –entre ellos la Primera Secretaria Martine Aubry–, ahora juzgan necesario volver sobre el tema de la defensa de las libertades públicas (en el debate sobre la detención preventiva, por ejemplo) y toman distancia respecto de figuras más “securitarias” del partido como Manuel Valls (8). 

Sin embargo, por necesarios que sean, el reequilibrio entre policía “de proximidad” y de intervención, así como el freno a la celeridad penal, no bastarán para resolver las tensiones y los conflictos reales que atraviesan los ambientes populares, ni tampoco para disciplinar sus fracciones más descontroladas.
Los mecanismos disciplinarios de la sociedad industrial sólo pudieron funcionar porque estaban estrechamente insertos en la vida cotidiana de los individuos, en el trabajo, el barrio, la escuela, la vivienda, la iglesia, el partido o el sindicato. Eran el resultado de una multitud de vínculos, creencias, obligaciones, y su legitimidad dependía estrechamente de las contrapartidas que les procuraba a aquellos sobre los cuales se ejercía (9). Ahora bien, en la actualidad muchos jóvenes escapan a la contención del trabajo, y no se ven las contrapartidas aportadas por las penas mínimas, el despliegue de patrullas de policía –aunque fueran “de proximidad”– o las leyes antibandas.
Por el contrario, estas medidas aparecen como un endurecimiento disciplinario con un único sentido, sin compensación. Percibidas como vejatorias o discriminatorias, tienen todas las chances de ser rechazadas, como atestiguan las explosiones esporádicas de violencia general que se propagan a veces en la actualidad (de Vaulx-en-Velin a Clichy-sous-Bois, de Mantes-la-Jolie a Grenoble) o, más cotidianamente, la aspereza de las relaciones con las instituciones y los servicios públicos. 
Aunque el gran bandolerismo es sin dudas un asunto de policía y de justicia, es quizás tiempo de terminar con la separación artificial instaurada entre la delincuencia menor y la cuestión social, de volver a vincularlas. Y de recordar que la única forma de gobernar a través de la inseguridad que funcionó de modo duradero fue la invención del purgatorio por los curas católicos del siglo XII (10). La introducción de un espacio de negociación entre el infierno y el paraíso contribuyó, en efecto, a asentar el poder temporal de la Iglesia en Occidente. Pero el riesgo de ser desmentido por los hechos era poco posible respecto a lo que hoy puede suceder en materia de lucha contra la delincuencia.
Notas
1 Le Monde, París, 23-8-10.
2 Lionel Jospin, Le monde comme je le vois, Gallimard, París, 2005, p. 249.
3 Le Figaro, París, 10-8-10.
4 Alessandro Dal Lago y Emilio Quadrelli, La città e le ombre. Crimini, criminali, cittadini, Feltrinelli, Milán, 2003.
5 Gérard Mauger, Les bandes, le milieu et la bohème populaire. Etudes de sociologie de la déviance des jeunes des clases populaires (1795-2005), Belin, París, 2006.
6 Pasaron de 32.938 en 1998 a 57.903 en 2008. Véase Aspects de la criminalité et de la délinquance constatée en France, La Documentation française, París.
7 Arma que tira balas de goma al principio e inflige después una descarga eléctrica de 50.000 voltios por segundo.
8 Véase especialmente el texto de Jean-Jacques Urvoas, diputado del Finistère y Secretario Nacional del PS encargado de la seguridad, De la sécurité de l’Etat à la protection des citoyens, Fondation Jean-Jaurès, París, 2010.
9 La France a peur. Une histoire sociale de l’“insécurité”, La Découverte, París, 2010 (nueva edición revisada y aumentada).
10 Jacques Le Goff, La naissance du Purgatoire, Gallimard, París, 1991.
L.B.

Argelia ya no cree en promesas


ARGELIA YA NO CREE EN PROMESAS

El presidente argelino Abdelaziz Buteflika acaba de reformar la Constitución para poder presentarse por un tercer mandato en abril de 2009, a pesar de que reconoció el “fracaso” de su política. Desesperada, la sociedad muestra desinterés frente a las elecciones, al tiempo que se han multiplicado los motines. 

Por: Ali Chibani, enviado especial
Traducción: Florencia Giménez Zapiola

“Para ir a Larbaa Nath Irathen (LNI, en Cabilia), sólo hay caminos que suben” (1) una sucesión de curvas en rutas estrechas. Se perciben colinas en cascada. Bajo una luz brillante, los fresnos, olivos y otros árboles frutales verdecen. 

Desgraciadamente, desechos esparcidos de manera anárquica estropean la belleza del lugar: botellas, bolsas y otros detritos tapizan el suelo. En todo el territorio, tanto en la ciudad como en el campo argelino, la destrucción del paisaje refleja el estado de ánimo de la sociedad. 

Antiguamente llamada Fort National por los franceses, la pequeña ciudad de LNI no abroga la regla frenética de las construcciones. Los edificios crecen como hongos en todo el país. Los ricos y los altos funcionarios se apropian generalmente de varios departamentos, lo que hace perdurar la crisis habitacional y obliga a los otros habitantes a manifestar violentamente su indignación. 

En las veredas de esta comuna, que tiene el aspecto de una ciudad de otro tiempo a causa de las construcciones coloniales destruidas, se aglutinan jóvenes desocupados: los hitistas (2). Sin embargo, los gobiernos sucesivos pregonan desde hace una década que la tasa de desocupación no excede el 12%.
“Es verdad que hay más empleos desde la llegada de Buteflika”, afirma Omar Achur, de 23 años y sin trabajo. Sentado a la sombra, Omar pasa sus días cuidando un “tavla”: un viejo mostrador de vidrio, con cigarrillos, tabaco para aspirar y golosinas. Una solución improvisada para ganar un poco de plata. Dos hombres compran dos cigarrillos. Omar se levanta para colocar el dinero en una caja verde gastada por el óxido. “¿Mi ideal?”, pregunta al sentarse, “encontrar trabajo. Si no, pienso dejar este país”. Como la mayoría de los jóvenes argelinos, su visa para Francia fue rechazada. De ahí, el nuevo fenómeno de los “harragas”, esos “quemadores de ruta” que arriesgan sus vidas sobre embarcaciones improvisadas con el fin de llegar a Europa. 

La tutela del Estado (de emergencia)
“Para irse de Argelia, las mujeres piden visas de estudio o buscan un ‘emigrado’ para casarse”, cuenta Sofía. Esta joven de 27 años se resiste a creer en un descenso de la desocupación. “Al contrario, veo cada vez más gente sin ocupación. Mire todos esos jóvenes que vagan. Incluso los profesionales están sin empleo”. No se cree afortunada por el hecho de ocupar un puesto en un “kiosco telefónico”. “Para una joven, lo importante es no quedarse encerrada en la casa. Yo trabajo de 8 a 16 horas, sin pausa para almorzar, para ganar 5.000 dinares (50 euros) por mes” (3).
Esta es la condición de la mujer argelina, explotada, como lo son por otra parte los inmigrantes africanos negros. “La mujer no negocia su salario. Los empleadores prefieren contratarnos antes que a un hombre que rechaza trabajar en las mismas condiciones que nosotras”. Esta treinañera, secretaria en el seno de una asociación social, gana 3.000 dinares (30 euros) por mes. “Mi salario no me sirve para nada. Mis padres me pagan el transporte para venir al trabajo”. Curiosamente, aunque acusa a los responsables en el poder de “dilapidar el maná petrolero”, considera positiva la presidencia de Buteflika. “Para mí no cambió nada, pero oigo a mucha gente hablar bien de él. Sobre todo, estableció ayuda para los jóvenes sin empleo y para que las familias modestas pudieran adquirir viviendas.” 

“¿La red social?, ¡pura espuma!” Para el alcalde de Larbaa Nath Irathen, Hocine Lounis, tanto el subsidio para la actividad de interés general (IAIG, por sus siglas en francés), en vigor desde 1994, como la prima de actividad y de inserción social (PAIS), remunerados respectivamente con 3.000 y 2.700 dinares por un período de seis meses –bajo la etiqueta de Reunión para la Cultura y la Democracia (RCD)–, constituyen una “explotación”. “Yo tengo que pagarle a un profesional joven o a un cuadro 3.000 dinares por mes. Eso equivale a no hacer nada contra la desocupación. En mi municipio, el 80% de las ordenanzas están bajo el régimen del IAIG. En otras palabras, cada seis meses hay que remplazar al 80% de los empleados.” Un programa así obliga al alcalde a valerse de artimañas frente a la ley. “Necesariamente, vuelvo a tomar a las mismas personas. ¿Cómo podría echar a las viudas que trabajan en las cantinas escolares? Sólo tienen ese salario irrisorio para alimentar a sus hijos.”
Lounis fue alcalde de 1997 a 2002; en 2007 fue reelegido. Estima que ya no puede asumir todas sus prerrogativas pues “Buteflika redujo el campo de las libertades. El Estado no quiere que los alcaldes actúen en favor del pueblo. Los proyectos de construcción o de reforma del sistema tributario local escapan al primer magistrado del lugar… El alcalde se ha vuelto un apéndice de la administración. Todo depende de la tutela”. La tutela: los ministerios y las “wilayas” (prefecturas) que deciden sobre los proyectos y su puesta en práctica en localidades cuyas necesidades ignoran. El alcalde del LNI cuenta que “Esos son los problemas que denuncian el conjunto de los alcaldes argelinos, sin importar su origen partidario. El Estado justifica la rigidez de la centralización por el estado de emergencia”.
En realidad, el gobierno no es el único culpable del deterioro de la gestión de las municipalidades. Los alcaldes y sus reemplazantes tienen mucho que ver. No hay servicio administrativo en el que la corrupción y el “acomodo” no marquen la ley. El simple ciudadano padece un chantaje permanente. Si tiene necesidad de un documento administrativo urgente, o si es controlado por un agente del orden celoso, debe recurrir a “sus relaciones” –los amigos bien ubicados– o abrir su billetera. Dda Idir (4), veterano de 76 años “que combatió por una Argelia distinta”, reconoce que “la injusticia domina. Si usted no tiene a nadie que lo ayude, se lo priva de todos sus derechos. Si conoce a un funcionario en la alcaldía, llega cuando quiere y pasa primero. Con los ‘conocidos’ puede obtener todo. Conozco personas, por ejemplo, que no han salido de sus pueblos durante la guerra y que cobran pensiones de veteranos.”
Esta práctica cuesta fabulosas sumas al presupuesto del Estado, en especial, en época electoral. El título de veterano o de hijo de “chahid” (5) es como la tarjeta “fidelidad” de un centro comercial: subsidios vitalicios, exoneración de algunos impuestos, rebajas en las agencias de viajes… Los partidos en el poder –Frente de Liberación Nacional (FLN) y Reunión Nacional Democrática (RND)– los reparten para ganar electores y convertirlos en adeptos. Así se da el caso de “veteranos” que no tenían edad de combatir entre 1954 y 1962. El propio presidente actual, por intermedio del Ministerio de Veteranos denunció a los impostores. “Buteflika dice cosas buenas –comenta Dda Idir–. El problema es que no mantiene sus promesas.” Se adivina la desesperación de ese anciano que “ruega a Dios para que el país cambie, aunque más no sea para ayudar a todos los jóvenes depresivos que no tienen más recursos que la droga.”
Miedo y miseria
Cuando llegó al poder, en abril de 1999, Buteflika suscitó esperanzas con sus discursos. Al hablar árabe argelino (6) y francés, y hacer referencia abierta a los orígenes amazighes (7) del África del Norte; al enumerar las dificultades sociales que un humilde ciudadano vive diariamente y zarandear a sus ministros inactivos, Buteflika se presentó a la población como un hombre providencial (8).
Pero ésta pronto se desengañó al descubrir en él una persona que pasaba la mayor parte de su tiempo en el extranjero. El movimiento de protesta de la Primavera Negra (abril-mayo de 2001), en Cabilia, sufrió una represión sangrienta que provocó ciento veintiséis muertos por balas –de las cuales cinco eran del LNI– y miles de heridos (9). Actualmente hay “revueltas” que estallan todos los días en el conjunto del territorio nacional. Ya nadie confía en las promesas del presidente; no se escuchan ni sus discursos ni los de otros representantes políticos. “La política no me interesa, sólo me preocupa el pan –dice un jubilado sentado a la mesa del Café del centro, sin consumir, donde algunos treintañeros juegan a las cartas con septuagenarios–. Mi jubilación no me alcanza para alimentar a mis cinco hijas sin empleo –confiesa el hombre–. A veces comemos; otras, nos armamos de paciencia.”
La mayor parte de la población debe dar prueba de esta paciencia. La explosión de los precios al consumidor no tiene precedentes. A 800 dinares la bolsa de sémola de 25 kilos, 650 dinares los cinco litros de aceite, y 130 el kilo de lechuga, los productos alimenticios básicos están fuera de alcance para el asalariado medio, sobre todo en el mes del Ramadán, mes de provecho comercial desvergonzado, donde el costo de los alimentos se duplica e incluso se triplica. “En Argelia, todo cambia de un día para el otro, salvo nuestra miseria”, se queja el jubilado que ignora que una reforma de la Constitución está prevista desde hace mucho.
Otro jubilado, ex obrero en Francia, bebe a sorbos una limonada en el mostrador. Después de un momento de vacilación, lanza: “Yo no tengo nada que decir a nuestros gobernantes. Ellos saben todo y no hacen nada para mejorar nuestras condiciones…Pero yo quisiera hablar al Estado francés y preguntarle por qué redujo (en ciertos casos) la ‘subvención por conyuge a cargo’, que afecta nuestro poder adquisitivo”. Extraña situación en la que la población se cree escuchada por un Estado extranjero y no por el suyo. Nuestro interlocutor reconoce, no obstante, que en diez años la situación de la seguridad cambió. “Tememos el bandidaje más que al terrorismo. Aquí, a uno lo pueden matar por 10 dinares. ¿De dónde viene todo esto? Lo ignoramos… ¿Pero quizás lo buscamos?”.
“¡Lo buscamos!”. Una expresión, dicha en francés, que apareció estos últimos años en la boca de los Cabilios. Acusan al Estado de haber favorecido el bandidaje, la droga, la prostitución –fenómenos aparecidos repentinamente– y de haber atraído a los grupos de Al-Qaeda al Magreb para forzar a la población a aceptar la vuelta de la gendarmería, retirada desde la Primavera Negra de 2001. ¿Verdad o paranoia? Difícil de responder, pues resulta imposible verificar las razones invocadas para formular esas acusaciones.
Pero, de hecho, hay miedo en todas partes. Durante los años 1990, se podía salir a cualquier hora en Cabilia. “Ahora, en invierno, yo dejo de trabajar a las 18 horas para evitar los obstáculos montados por bandidos que desvalijan los vehículos y los bienes de los que pasan”, confía Karim. Además del bandidaje (10), que ya ganó las otras regiones del país, este conductor de un furgón de transporte colectivo arriesga su vida todos los días. Según la confesión de un comisario de policía, “las rutas en Argelia llevan derecho al cementerio”. Para Karim, el índice elevado de los accidentes de tránsito se explica por “el mal estado de las rutas demasiado angostas, la falta de señalización y el poco respeto por el código. Pero la principal razón es que las personas no tienen miedo de morir. No esperan ya nada de la vida”. Desde hace diez años, la prensa argelina informa, casi todos los días, casos de suicidio. Generalmente se trata de jóvenes, hombres y mujeres.
Ya no es un foso el que separa al Estado de la Nación, sino un desierto árido. Nadie quiere atravesarlo para acercarse al otro. En diez años de presidencia de Buteflika, una elite burguesa, cercana al aparato del Estado, se fortaleció, mientras que la pobreza en el seno de la población ganó terreno. A primera vista, los islamistas son más poderosos que en los años 1990. Los terroristas “arrepentidos” o liberados de prisión se benefician con empleos y subsidios mientras que nadie sostiene a las víctimas de la barbarie integrista.
Lo trágico desembocó en lo irracional: muchos jóvenes se volvieron terroristas nada más que para beneficiarse con la generosidad del Estado después de la puesta en marcha de la “Concordancia civil” (11), transformada en “proyecto para la reconciliación nacional”. Se comprende que la reforma de la Constitución, que promete una enésima farsa electoral en un país donde el futuro corre el riesgo de ser más sombrío que el pasado, no suscite de ninguna manera el interés de los argelinos. “Lo que yo más quisiera es la paz”, concluye Karim Achour. “Un proverbio nuestro dice: la paz vale todas las saciedades.” Pero no se hace ninguna ilusión.
Notas
1 Proverbio Cabilio que inspiró Les Chemins qui montent, del novelista Mulud Feraun , Seuil, París, 1957.
2 “Hitista” (de hit, ‘pared’ en árabe), designa a los desempleados adosados todo el día a la pared.
3 El salario medio argelino es de 15.000 dinares (150 euros).
4 “Dda”, locución de respeto para nombrar a un hijo mayor.
5 Este término “mártires” designa a los hombres muertos en combate. Se estima en 2.500.000 el número de personas con el título de “ex mudjahid” o que tienen derecho a éste.
6 Sus predecesores solo utilizaban el árabe literario; incluso los argelinos arabófonos no lo comprenden.
7 Del nombre Amazigh, patriarca del pueblo berebere según la tradición.
8 Mohamed Benchicou hizo, sin embargo, un retrato poco halagüeño del presidente en Bouteflika, une imposture algérienne, Le Matin, Argelia, 2003. El periodista y director del diario Le Matin fue condenado, por represalia, a dos años de prisión efectiva y la publicación de su diario fue prohibida.
9 Leer Farid Alilat y Shéhérazade Hadid, Vous ne pouvez pas nous tuer, nous sommes déjà morts. L’Algérie embrasée, Edición número 1, París, 2002.
10 Estos “bandidos” raptan y secuestran además a empresarios y comerciantes a los que liberan luego del pago de un rescate.
11 La ley votada en 1999 prevé la suspensión de las prosecuciones judiciales contra los terroristas “arrepentidos” no culpables de crímenes de sangre. Se benefician con un empleo y subsidios. El Estado pone incluso al servicio de los ex “emires”, jefes regionales de los grupos islamistas armados, una escolta policial para asegurarles la protección. Leer Lahouari Addi, “En Algérie, du conflit armé à la violence sociale”, Le Monde diplomatique, París, abril de 2006.
A.C.


El ferrocarril senegalés


BATALLA SINDICAL ALREDEDOR DEL FERROCARRIL SENEGALÉS

Elecciones sobre fondo de crisis social
La elección presidencial del 25 de febrero de 2007 en Senegal tendrá lugar ante una grave crisis política. La demanda social que llevó a Abdoulaye Wade al poder en el año 2000 no ha sido satisfecha. Y la áspera lucha de los ferroviarios contra la privatización de la línea Dakar-Níger marca el regreso de una conciencia sindical en África Occidental.
Por: Vincent Munié

Documentalista, autor de La voie est libre, producido por France 3 y Les Poissons volants, 2006.

Traducción: Patricia Minarrieta

A un siglo de su fabricación por iniciativa de algunos blancos, he aquí que otros blancos, canadienses en este caso, ocupan las oficinas en Thiès (Senegal) del célebre expreso Dakar-Níger. Pero los trenes andan peor que nunca. Jamás en toda su historia se renovaron los rieles. El balasto no da más, los tirafondos desaparecieron, muchas traviesas están partidas y sobre todo, los rieles "arden". Esto significa que, a causa del calor, se dilatan tanto que se deforman, hasta que se salen de los bulones de juntura. Entonces los trenes descarrilan. No pasa un día sin que un carretón se atraviese, una locomotora o una aguja salte, o vuelque un vagón cisterna. De todos modos el tren alcanza una velocidad máxima, que no supera los treinta kilómetros por hora, en un pequeño tramo entre Guinguineo y Thiés. El trayecto entre Tambacunda y Kidira, de 160 km, que se efectúa a 10 km/h, lleva dieciséis horas de viaje.
En el interior de los vagones, los asientos están desfondados; los baños ya no existen; el aire caliente oscila entre los 45º y 48º; la sed impera. No obstante, los viajeros pagaron caro su pasaje (un asiento cuesta 35.000 francos CFA, es decir, 55 euros). Pero hay más.
Durante los tres días de viaje, el tren está ocupado también por otra sociedad más discreta: la de los clandestinos. En cada estación, ellos saltan antes que el tren se detenga, para esconderse y volver a los vagones con el tren ya en marcha. Ventaja: es gratuito. Inconveniente: extremadamente peligroso, muy incómodo, completamente expuesto al sol y a la ley del caíd que reina en este mundo paralelo.
Por último, son bastante frecuentes los descarrilamientos. Hay que prever entonces un mínimo de doce horas de parada suplementarias, tiempo que lleva al equipo de enderezamiento volver a poner los vagones sobre los rieles, con simples crics...
Dakar, diciembre de 2006. Los sindicatos africanos que combaten las privatizaciones del sector que se decidieron en distintos puntos del continente se reúnen en el "encuentro de los ferrocarriles de África". Las estrellas son los ferroviarios de la línea Dakar-Bamako: desde 2003 llevan adelante una lucha ejemplar contra la sociedad franco-canadiense Transrail, que compró esa histórica conexión. La política del nuevo propietario es efectivamente desastrosa para el
país y sus pobladores: abandono del tráfico de pasajeros en beneficio del transporte de carga, disminución de los salarios y beneficios sociales, supresión de 632 puestos, represión sindical, promesa de inversiones incumplidas, etc. El movimiento, que atraviesa Malí y Senegal, refleja el renacimiento en África Occidental de una conciencia sindical.
A mediados de marzo y mediados de julio de 2006, se realizaron huelgas que contaron con un amplio apoyo y vinieron acompañadas de marchas populares de protesta. La represión fue dura: suspensiones, despidos abusivos, rechazo de la negociación social, tentativa de infiltramiento de los sindicatos por parte de la directiva, intimidaciones, etc. La suerte de 21 ferroviarios senegaleses y malíes, víctimas de sanciones disciplinarias (despidos, suspensiones), y en particular la del sindicalista dakarés Pierre Ndoye, sigue en el centro de la pulseada entre los militantes y la compañía.
Aprovechando las diferencias de legislación entre Senegal y Malí, la dirección de Transrail intentó primero dividir a los trabajadores de la red, aplicando tratamientos distintos según las nacionalidades. Pero la maniobra fracasó y primó la vieja experiencia sindical de los ferroviarios: la Federación de los trabajadores del ferrocarril, Fetrail, de Senegal, y el Sindicato de los trabajadores del ferrocarril, Sytrail, de Malí, formaron una alianza simultáneamente a la creación del Colectivo ciudadano para el desarrollo integrado y la restitución del ferrocarril (Cocidirail) (1). Rápidamente se concretó la unión sindical de estos dos países en torno a una serie de reivindicaciones: defensa del interés de los ferroviarios y de los derechos sindicales, exigencia de que Transrail cumpla sus compromisos de inversión y garantice el servicio de transporte de pasajeros.
En vísperas de la elección presidencial senegalesa del 25 de febrero de 2007, "el tren" se incorporó al escenario político. Los sindicalistas denuncian las "colosales ganancias" de Transrail (y su expatriación) y el autoritarismo de los expatriados blancos ya instalados en las oficinas de la dirección. Junto a sus colegas malíes, acusan a sus gobiernos de "arrodillarse" frente a la compañía franco-canadiense (2). Obligados y bajo presión, los partidos compiten en planes de desarrollo (3). En diciembre de 2006, a fin de encontrar una salida a la crisis, se realizó en París una reunión de concertación entre ambos Estados y el operador privado, bajo la égida del Banco Mundial, que exigió la privatización en 2003. Pero ésta no desbloqueó el conflicto.
A la defensiva, el ministro senegalés de Obras Públicas, Habib Sy, anunció a principios de diciembre de 2006 la implementación de una auditoría con el fin de "hallar soluciones permanentes que permitan convertir al ferrocarril en una herramienta de desarrollo de los intercambios" (4). Desde que la crisis marfileña alteró los circuitos tradicionales de aprovisionamiento y salida hacia el mar, el transporte pasó a ser un tema aun más esencial para el desarrollo económico de la región.
Son pocos los trenes que siguen circulando por la "línea Dakar-Níger": para los 1.259 kilómetros de vías de ancho métrico que conectan la capital senegalesa con Kulikoro, en Malí, pasando por Bamako, los tiempos del esplendor colonial parecen perimidos. Hace tiempo ya que, a excepción de un convoy de carga diario, el célebre expreso Dakar-Níger sale sólo una vez por semana. Y encima, con algunos días de retraso cada vez... Tomarlo equivale a adentrarse en un mundo de vagones en ruinas, estaciones abandonadas, locomotoras que no funcionan, paradas que duran a veces varias horas y donde los trenes descarrilan. En 2003, cuando se lo privatizó, hacía años que el Estado había dejado de invertir -ajuste estructural obliga- en la red férrea, dejando a los ferroviarios impotentes frente a la degradación de su instrumento de trabajo. Según Pierre Ndoye, líder suspendido del sindicato Fetrail, "vale preguntarse si no dejaban todo abandonado por gusto, para hacer la privatización ineluctable...".
Apoyo popular a los huelguistas
Si bien no mata ni hiere a nadie, la decrepitud de la línea deja paralizada a toda una sociedad: comerciantes que viven de la economía informal que se implantada alrededor de las estaciones, trabajadores de los depósitos y de las vías, mujeres de zonas rurales que toman el tren para ir a vender sus productos a los centros poblados. En este sentido, ya sea que un tren recorra el más alejado valle de los Pirineos, el pueblo más perdido de los Urales o los campos de maní africanos, su lenta desactivación es siempre el testimonio de una renuncia. Las torcidas vías del Dakar-Níger, en el corazón de África, ilustran la repulsión de los neoliberales por los servicios públicos.
El que promovió la idea del ferrocarril transahariano, alrededor de 1870, fue el gobernador de la colonia francesa de Senegal Louis Faidherbe. Este tren, un puro producto de las perspectivas imperiales de Francia tenía varios objetivos. En primer lugar, a uno estratégico, como instrumento de transporte de tropas, garantes en sí de la "asimilación" política de las poblaciones aledañas. Así fue como la construcción de un primer tramo, Dakar-Saint Louis, a fines del siglo XIX, permitió el aplastamiento definitivo de la resistencia de Lat Dior, en el alto Kayor. "El arco" ferroviario transahariano debía servir asimismo como barrera a la expansión colonial de los británicos, presentes en ese momento en Sierra Leona, Liberia y Nigeria. La línea Dakar-Bamako se terminó en 1923 tras un arduo trabajo para el cual los colonos importaron toda una población de obreros burkinabe, reducidos a la condición de esclavos.
El segundo objetivo era económico: esta vía de penetración profunda permitía trasladar las materias primas hasta el puerto de Dakar; en Kaolack, había otra conexión reservada a los cacahuetes. Pero apenas puesto en marcha su servicio, el tren cumplió además una tercera función: la consolidación de los territorios que atravesaba. En efecto, las regiones recorridas por el tren experimentaron un crecimiento social y económico inmediato, dado que éste hizo afluir todo tipo de comercios alrededor de las estaciones. En 1940, el Dakar-Níger era una empresa floreciente, punta de lanza de las actividades algodoneras y mineras del África Occidental francesa (AOF): en 1946, trabajaban allí 8.000 ferroviarios diseminados a todo lo largo de las vías.
Los cargos jerárquicos de la administración del ferrocarril eran ocupados por funcionarios de la colonia, y ésta estaba organizada en torno a un axioma racista. Entre blancos y negros, la diferencia en el tratamiento era pasmosa: para la misma función, el salario podía llegar a duplicarse. En su gran mayoría, los ferroviarios negros, jornaleros, vivían en una precariedad completa. Sus deplorables viviendas contrastaban con los grandes chalés para funcionarios de los tubabs (blancos en wolof) de la ciudad Ballabey de Thiès, principal depósito de la red y centro obrero del país. Fue allí que, en 1930, se organizó el sindicato de los trabajadores indígenas del
Dakar-Níger (STIDN).
En 1938, y luego en 1946, estallan algunos movimientos. Una huelga iniciada el 21 de octubre de 1947 paraliza totalmente la vía férrea durante seis meses. La reivindicación es una sola: "A igual trabajo, igual salario". Como los partidos políticos estuvieron prohibidos hasta 1954 en el África Occidental francesa (AOF), esta simple exigencia de los ferroviarios fue rápidamente asimilada por los senegaleses y malíes como un primer paso hacia la independencia (5).
En todas partes la población se alía a los huelguistas. La solidaridad se organiza, y seis meses después, frente a la determinación de los ferroviarios, conducidos por Ibrahima Sarr, la dirección francesa cede.El tren cambia entonces de sentido. De instrumento de un sueño colonial francés, se convierte en trampolín hacia la independencia de un pueblo, que se reapropia así de las vías férreas que serpentean todo su territorio. De ahí en más, el ferrocarril será senegalés y malí, y estará al servicio de las poblaciones y su prosperidad. En 1960, la buena circulación de los trenes consiste para el presidente Leopold Segar Senghor, en una misión de servicio público. El gobierno contribuye eficazmente a su mantenimiento.
En los años '80, el ferrocarril empieza a envejecer: ausencia de inversión, material obsoleto. Con la competencia de los camiones, su rentabilidad se complica. En 2003, por prescripción del Banco Mundial, los gobiernos malí y senegalés aceptan privatizar la red. Se hace un llamado a licitación; un consorcio franco-canadiense, Canac-Getma (6), gana la concesión por 25 años, que viene acompañada por un acuerdo de explotación que compromete la responsabilidad del comprador sobre la continuidad del servicio de transporte de pasajeros. Los nuevos compradores crean una sociedad, Transrail. Ésta anuncia enseguida el despido y la jubilación anticipada de 632 ferroviarios, luego el rápido cierre de doce estaciones, que ocasiona indirectamente el declive de quienes vivían del paso de los trenes en las ciudades concernidas. Pero dado el aumento de productividad del instrumento, los concesionarios estiman prematura una nueva inversión. Contrariamente a las promesas anteriores a la privatización, Transrail gasta mezquinamente en materia de renovación del parque ferroviario y refacción de las vías de la alta región.
Desde entonces, los mecánicos aluden a la "buena suerte" o a un "milagro" cada vez que llegan a destino sin incidentes. Un tren por día logra de todas formas deslizarse sobre la red férrea con mil toneladas de carga por convoy. La capacidad anual de la línea alcanza entonces las 360.000 toneladas, lo cual equivale casi al objetivo de Transrail (380.000 toneladas). Esto quiere decir que basta con que pase un tren por día, no importa a qué velocidad. La rentabilidad de la empresa deriva pues de una simple ecuación: monopolio + objetivos modestos + inversión mínima + política social "moderna" = algunas ganancias (7). Por el momento, los se conforman...
Porque con esta línea, Canac-Getma se posiciona frente a otros ferrocarriles africanos ya privatizados, tales como los de Costa de Marfil y Burkina (Sitarail, grupo Bolloré), o aún de Camerún (Camrail, grupo Bolloré), de Gabón, Setrag, grupo Eramet), de Togo (Togorail, grupo West African Cement), y conquista entonces un papel estratégico dentro de la hipotética unión de las redes que desembocaría en la creación de un tren transafricano (proyecto Africarail).
Y además, nada impide pensar que se descubrirá un día un nuevo eldorado, en algún lugar camino a Níger... En ese caso, el transporte del mineral hasta la costa se cobraría muy caro y justificaría ampliamente la inversión de Canac-Getma. Dentro de semejante cuadro, las vendedoras ambulantes del "expreso", los dueños de restaurantes de las estaciones, los obreros de la vía y los pasajeros no pesan demasiado.
Por el momento, nadie entrevé otra salida a la crisis que una eventual "recuperación" de Transrail, o bien el regreso de la autoridad de los Estados a la administración de la red. En el Foro Social Mundial de 2006 en Bamako, Cocidirail y los militantes de África occidental allí reunidos hicieron clara alusión a la renacionalización. Los usuarios y trabajadores de la línea Dakar-Níger tratan de transformar su lucha en un símbolo para todo el continente (8). En Dakar, el "Encuentro de los ferrocarriles de África" del pasado 6 de diciembre permitió consolidar ciertos lazos sindicales entre los distintos países involucrados. Si no pasa nada, puede apostarse a la progresiva desaparición del expreso, al deterioro de las condiciones de trabajo dentro de la empresa y a la decadencia de las poblaciones vinculadas al tren. No obstante,Transrail, a resguardo de las críticas occidentales gracias a la capa invisible que aísla a África del resto del mundo, tiene las manos libres.
Un asunto de este tipo no atañe específicamente al continente africano. Tiecoura Traoré, líder de Cocidirail -él mismo despedido por Transrail en octubre de 2004-, subraya que el discurso de los sindicalistas malíes y senegaleses "no se diferencia tanto de las reivindicaciones en Europa. Respecto a la cuestión de los servicios públicos, contiene incluso muchos puntos en común". Única diferencia: África sigue siendo el continente de todas las prebendas y de un pillaje organizado. ¿Es acaso imaginable, en Francia, que un organismo internacional exija la privatización del tramo Nantes-Toulouse, dando carta blanca al comprador, incluso cuando su estrategia comercial va en contra del interés de las poblaciones y de la nación? ¿Y qué opinaríamos si una empresa china obtuviera la concesión, y rechazara desde un principio todo diálogo con los sindicatos?
Pero en este caso extraordinario, un fondo de inversión canadiense consiguió una colocación por 25 años, y -con ayuda del Banco Mundial, la complicidad del gobierno senegalés de Abdoulaye Wade y la pasividad del presidente malí Amadou Toumani Touré- robó una red férrea económicamente vital, pero además, fuente de orgullo nacional.
A los senegaleses y malíes les quedó claro que el transporte de pasajeros no estaba entre las mayores preocupaciones del nuevo operador privado, ya que la rentabilidad de la línea sólo podía provenir de un tráfico de carga "concentrado". Así que era inútil pagar las inversiones necesarias para el restablecimiento de una circulación normal.
La supervivencia del "expreso" depende entonces de una decisión que ponga a este tren de servicio público por encima de las leyes del comercio. Pero hasta el momento, los gobiernos senegaleses y malíes nunca se preocuparon por recordar a Transrail sus compromisos. Sólo los sindicatos se dedican hace tres años a ello, mediante una lucha que se endurece más y más.
Notas
1 www.cocidirail.info/
2 www.cocidirail.info/index.php?Actualites
3 Le Quotidien, Dakar, 4-12-06.
4 Walfadjri, Dakar, 7-12-06.
5 Ousmane Sembene, Les Bouts de bois de Dieu, Poche, París, 2002
(primera edición: 1960).
6 Canac pertenece ahora a la estadounidense Savage Companies y Getma
al grupo Jean Lefebvre.
7 Cocidirail anticipa la cifra de mil millones de francos CFA (1,5
millones de euros) de ganancias por mes.
8 www.fsmmali.org/article148.html?lang=fr
V.M.